martes, 14 de septiembre de 2010

Edición de partes de timbales (II)

Para continuar con el asunto de la anterior entrada, hoy traigo a colación el “Sanctus”, del “Réquiem” de Verdi.

Igual que hice en la anterior entrada, recomiendo la escucha en altavoces “full-range” para poder apreciar los graves con nitidez.



Para un mejor seguimiento del caso, este enlace legal y gratuito permite descargar la partitura orquestal:

IMSLP Library. Requiem de Verdi.

Este otro enlace lleva a una partitura que compara la edición original con la editada por mí:

David Valdés-Percusión. Particela Sanctus.

La peculiaridad del “Sanctus” es que se trata de una fuga a ocho partes para doble coro (algo similar a los dobles coros en estilo veneciano a los que me enfrentaba cuando estudiaba contrapunto). Por ello, el relativo estatismo de la parte de timbales no encaja en una forma en la que la independencia de líneas y la construcción melódica son vitales.

Verdi escribe Do y Fa de continuo, pero a poco que se analice la secuencia de acordes (ver el “score”), veremos que, por culpa del endiablado ritmo armónico propio de una fuga, esas notas no casan, y cuando sí cuadran con el acorde, producen una extraña sensación, pues resulta una 1ª ó 2ª inversión.

En la primera intervención, mi apuesta es por doblar los fagotes, trombón bajo, oficleide, bajos del coro II y contrabajos:




La decisión de añadir los acentos es para frasear de la misma manera que el metal (obsérvese que los dos Fas graves se quedan sin él para cerrar la frase). También tomo las dinámicas un grado por debajo para aligerar la textura contrapuntística.

Para la siguiente intervención, el criterio fue exactamente el mismo que en la anterior: doblar fagotes, trombón bajo, oficleide, bajos del coro II y contrabajos:




Las notas redondeadas en rojo no se acentúan pues, en el primer caso, son final de la frase precedente (sólo hay que recordar que el diseño anterior comenzaba con un silencio de blanca seguido de dos negras) y, en las dos siguientes, para cerrar la frase.  

Para lo que sigue, el criterio es igual que en las anteriores intervenciones:




El redoble lo sustituyo por una negra, pues nadie más toca una redonda, e interfiere con el fraseo de negra-tres negras:




El problema de esta edición lo es de concepto. Como se recordará de la anterior entrada del blog, una de las cuestiones que debíamos tener en cuenta era respetar el espíritu de la obra… ¿Respeta mi edición el carácter del “Sanctus”?

Debo reconocer que quizá haya ido un poco lejos con mi modificación. Esta obra no es el vals de “El Caballero de la Rosa” (R. Strauss), ni la “Intrada” de la “Misa Glagolítica” (L. Janacek). El problema, como ya expliqué más arriba, es el vertiginoso ritmo armónico (y agógico) de la fuga: si yo hubiera sido Verdi, no hubiera escrito parte de timbales para este número.

Como dije en la anterior entrada, el compositor, dadas las limitaciones de la época, podía optar por dos soluciones cuando se le agotaban las dos notas disponibles: escribir notas inadecuadas, o silenciar los timbales… La parte escrita por Verdi (¡Euterpe me perdone!) suena rematadamente mal, lo que lleva a la siguiente pregunta: ¿Qué es más molesto para un oído educado, una parte que no tiene nada que ver con el contexto, o una parte con quizá más notas de las debidas?

A mi oído, la parte original es aberrante. Quizá mi edición sea aberrante por excesiva, pero las notas son las correctas. Yo hubiera optado por no escribir timbales en este movimiento, pero Verdi lo hizo, así que la opción del “tacet” es inviable… ¡algo hay que tocar! Ahora bien, si hay que tocar algo, prefiero hacerlo con mis modificaciones, aún reconociendo que la parte editada llama demasiado la atención (otra de las razones por las que rebajo un grado las dinámicas es para no poner bajo los focos una parte demasiado “atrevida”). Siento ser iconoclasta, pero lo escrito por Verdi lo encuentro inviable musicalmente.

Verdi por Giovanni Boldini

Este movimiento no admite medias tintas: si hay que hacer cambios, hay que hacerlos realmente drásticos. Tocar sin modificaciones (en este caso) no me convence. Lo ideal es modificar sin emborronar la línea musical, no llamar demasiado la atención sobre la parte de timbales, no dejarse llevar por lo divertido de las pedalizaciones… En este caso concreto, mi edición de la parte implica llevar la contraria a esas ideas, a la vez que cierto grado de “espectáculo”, pero no merece la pena realizar cambios a medias para que sigan existiendo notas falsas: o se cambia todo, o no se cambia nada. Por otra parte, el director se mostró encantado con mi arreglo.

¿Qué perturba más al conjunto musical del “Réquiem”?

a)      Notas falsas
b)      Timbales doblando al oficleide

Según mi modesto entender, la opción a) es más perturbadora.

¿Cuál es vuestra opinión al respecto? Estaré encantado de conocerla.  


…et in Arcadia ego.
© David Valdés

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