viernes, 18 de enero de 2019

Una curiosidad: de la condición física para tocar la caja.

Como ya sabéis, me interesa mucho todo lo relacionado con la historia y la tradición de nuestro instrumento. Buceando buscando información, encontré en la Biblioteca Virtual del Ministerio de Defensa un libro de 1901 titulado "Manual para las Bandas de cornetas y tambores", escrito por Manuel Novoa López (podéis descargarlo gratuita y legalmente en el enlace).




Echando un primera y rápida ojeada me encontré con una curiosidad que es lo que da pie a la entrada de hoy: suele ser muy habitual en grupos, foros y demás lugares de reunión de percusionistas y baterías leer cosas como que "hay que fortalecer las muñecas", que "hay que desarrollarlas", que "hay que coger fuerza"... Lo habitual en el mundillo es encontrarse con consejos y recomendaciones para convertir estas articulaciones poco menos que en máquinas de matar capaces de doblar vigas de acero colado.  

Esto siempre me ha llamado mucho la atención... Primero porque nunca he considerado la técnica una cuestión de fuerza bruta, sino, muy al contrario, una cuestión de habilidad, destreza, lógica y razonamiento. Segundo, porque mis muñecas se parecen más a las de una cortesana de Versalles que a las de un gabarrero del Rhin, y eso jamás ha supuesto un problema para tocar cualquier cosa que se me pusiera por delante (volumen, rapidez, resistencia...). Pues precisamente de esto va el corto artículo de hoy: una curiosidad que aparece en este libro y que recomienda todo lo contrario.




"DE LOS EDUCANDOS DE TAMBORES

Debe observar además de las prefijadas en los párrafos 1º y 2º de los educandos de cornetas; que tengan las muñecas de las manos delgadas y agilidad en los brazos, con el fin de poder manejar con facilidad las baquetas.

Por este motivo, encargo que si pueden ser muchachos de la clase de paisano, es preferible a los soldados de las compañías por tener estos demasiado desarrolladas las muñecas siendo por lo tanto un contratiempo para la enseñanza de los tambores.

Reuniendo todas estas condiciones tanto los unos como los otros es lo más probable que en un corto tiempo den satisfactorios resultados".

Curioso, ¿verdad? Según el autor, los tambores que van a estar tocando durante largo tiempo en combate y a grandes volúmenes para hacerse oir y poder transmitir las órdenes, no necesitan (¡más bien al contrario!) unas muñecas especialmente desarrolladas, fuertes o como el cuello de Fernando Alonso...

Hay otra cosa que llama la atención en esos tres párrafos: el autor hace referencia a "muchachos", y eso enlaza con la tradición del "drummer boy". Hubo un tiempo en que los tambores de infantería eran chicos muy jóvenes, prácticamente adolescentes, niños incluso (hay documentados tambores de 9 y 10 años en la Guerra Civil Americana). Dado el año en que se escribió el libro (1901) es seguro que el autor ya no se refería a niños, pero es probable que adolescentes de 15, 16 o 17 años fueran candidatos a formar parte de esas bandas como tambores. 

Dejaremos para otro día este asunto del "drummer boy". Hoy, la curiosidad está en las condiciones físico/anatómicas que se consideraban idóneas a principios del siglo XX para aprender a tocar el tambor.   

¿En qué estado físico se encuentran tus muñecas? 😏


…et in Arcadia ego.
© David Valdés

jueves, 10 de enero de 2019

El concierto de Año Nuevo, el "Österreichische locke" y la tradición al tambor.

Con el Concierto de Año Nuevo aún fresco, me gustaría hablaros de un pequeño detalle: el "solo" de caja que precede a la tradicional "Marcha Radetzky".




Aquí tenéis la partitura. Aparte de alguna errata evidente que se corrije sobre la marcha, no hay nada en ella que haga referencia a esa introducción:


  

¿De dónde salen esos ocho compases que se suelen tocar? La respuesta es muy fácil y obvia si habéis tocado en bandas. De vez en cuando, y para que los instrumentistas puedan descansar, hay momentos en un desfile en los que la banda deja de tocar (lo que suele señalarse, al menos en las bandas en las que yo he tocado, con un golpe de bombo a buen volumen y a contratiempo -"golpe de aro" solía ser el término empleado-). Durante ese tiempo en el que los músicos no tocan, estos continúan marchando y marcando el paso y, para que todos lo sigan haciendo acompasadamente, el único músico que sigue tocando es el caja, que marca el paso utilizando un ritmo de marcha (el que sea dependerá de la tradición del lugar, país, tipo de desfile...). Cuando el director decide que es el momento de volver a hacer sonar la música, se da la vuelta, se dirige hacia la sección de percusión y estos tocan una llamada que pone sobre aviso al resto de los músicos. Finalizada la señal, los músicos comienzan a tocar (bien retomando la pieza anteriormente interrumpida u otra nueva previamente indicada por el director).

Pues bien, la introducción que oímos antes de la Marcha Radetzky es esa llamada que pone en alerta al resto de músicos indicándoles que, acabada la frase de ocho compases, comienza la obra y todos deben tocar. Obviamente, esa llamada también nos indica el tempo al que deben sumarse el resto de músicos. ¿Es algo que se toque al azar? No... No debemos olvidar que la Marcha Radetzky es música militar compuesta en un país con gran tradición marcial y musical, antiguo Imperio Austro-Húngaro y muy orgulloso de sus tradiciones. Al igual que cada infantería y caballería tiene sus propios toques de ordenanza, cada una de ellas tiene también su propia llamada que pone al resto de músicos en alerta para empezar a sonar.

Estos ocho compases que se tocan antes de la Marcha Radetzky son lo que se llama "Österreichischer Locke" ("Llamada Austriaca"), y que todo músico de ese país conoce porque forma parte de su tradición y herencia musical.




Como podéis ver, es una frase íntimamente ligada a la tradición militar y musical austriaca. No hace falta escribirla porque todo caja la conoce (igual que en España todos conocemos el tradicional ritmo de marcha). Si queremos que todos los músicos de una orquesta comiencen a tocar a la vez sin necesidad de una entrada por parte del director, no hay más que tocar esa frase de ocho compases.




¿Hay más llamadas de este tipo? Por supuesto... Existe también la "Deutsche Locke" ("Llamada Alemana"), usada en ese país y en 6/8 (otro compás típico de las marchas):




No solo existen este tipo de llamadas en Europa... En muchos países de América del Sur (Chile, Paraguay, Perú...) se tocan estas frases previas al inicio de una marcha debido a su tradición prusiana, pues militares prusianos fueron los que formaron e instruyeron a las nuevas infanterías surgidas en estos países tras independizarse de España.

También en Estados Unidos. Allí se llaman "roll off", y todos vosotros (no percusionistas incluidos) los conocéis de sobra. ¿No me creéis? Ahí va...




¿Es cosa del compositor Alfred Newman esa introducción de cajas, bombo y platos? Pues no... Esa introducción demuestra que conocía bien la tradición militar y musical, pues es una cita literal de una llamada ("roll off") utilizada en la música militar estadounidense que Sanford Moeller mostraba en la página 57 de "The Moeller Book: The Art of Snare Drumming". El libro se publicó en 1925 (y cita música de hace décadas -¡siglos, incluso!), y la fanfarria se compuso en 1933. Esto es para que nos demos cuenta de que, como casi siempre sucede, tenemos interiorizada mucha más música militar, popular, religiosa y de todo tipo de lo que creemos. 




"Después de que la banda haya sido informada (mientras desfila) de qué va a tocar a continuación, el tambor mayor hace una señal al caja y este toca un roll off, después del cual la banda comienza a tocar sin perder el ritmo".

"Hay varias maneras de tocar un roll off, y parece que diferentes localidades han adoptado diferentes estilos. Lo más importante es no romper el ritmo". 

Antes de acabar, me gustaría enseñaros la versión que la Orquesta Sinfónica de Gijón hizo de la Marcha Radetzky bajo la dirección de Óliver Díaz en el concierto de Año Nuevo de 2005. Se grabó en directo en el Teatro Jovellanos para el disco Gijón Dnota, y a la caja está servidor:




  
Ya sabéis: cuando un director os pida una introducción a la "Marcha Radetzky", podéis tocar el "Österreichische Locke". Será lo más auténtico y fiel al espíritu de la música. Muchas gracias a Manolo Durán por su ayuda y erudición.


…et in Arcadia ego.
© David Valdés

jueves, 6 de diciembre de 2018

Tambor militar histórico DIY (III)

Hoy os traigo la tercera entrega del proyecto "Tambor militar histórico (DIY)". Si queréis refrescar anteriores artículos al respecto, AQUÍ tenéis la primera parte y AQUÍ la segunda.

Este era el estado del tambor al final de la segunda entrega:


©David Valdés


Como trataba de emular los diseños de los tambores históricos, desde el principio tuve muy claro que quería decorar el casco con tachuelas, pues era práctica habitual hace siglos (y necesaria, ya que al doblar la lámina de madera sobre sí misma para formar el cilindro se producía una junta que había que reforzar para que no se soltara. Con el tiempo se convirtió en un elemento decorativo, y también servía para identificar a los distintos fabricantes). Por ello, y en busca de inspiración, me dediqué a bucear en la iconografía y a buscar instrumentos históricos conservados:


"La ronda noturna" (Rembrandt)


"Niño con tambor" (Escuela de Rembrandt)


Tambor de la Guerra de Secesión Americana


Tambor de la Guerra de Secesión Americana


Tambores de la Guerra de Secesión Americana de la colección de William F. Ludwig II


Long drum británico (1714-1727). National Music Museum. Aquí se ve clarísimamente la junta donde el casco se dobla sobre sí mismo, y cómo esta se refuerza con tachuelas para que no se despegue.


Bombo por William Kilbourn (Albany, Nueva York). 1864-1869. National Music Museum


Para no meter la pata y no estropear de forma irreversible el casco, hice algunas pruebas previas sobre una tabla.


©David Valdés


Una vez con la suficiente confianza, me armé de un compás y papel cuadriculado (para facilitar las referencias). Dibujé varias circunferencias concéntricas (tomando como centro el "vent hole") y, a partir de ahí, fui haciendo marcas equidistantes. Esas marcas serían donde clavaría las tachuelas. Una vez hecho el dibujo, fijé la plantilla al casco con cinta de carrocero para no estropear el acabado (centrándolo todo sobre el "vent hole" y alineando la línea diametral "norte/sur" con la marca dejada al cerrar la capa exterior de madera, que también es el eje de simetría sobre el que hice el "snare bed" y el "vent hole". Así quedarían perfectamente alineados todos los elementos, bordonero incluído).


©David Valdés


Antes de empezar a clavar tachuelas (de latón, para que armonizaran con el resto de colores del tambor) tuve que acortarlas, pues la longitud del clavo era mayor que el grosor del casco, y no quería que lo atravesasen. Como siempre hago en estos casos, una vez recortadas machaqué ligeramente las puntas con un martillo para que, al penetrar en el casco, no rajaran la madera.


©David Valdés


El primer trabajo (bastante anodino, por cierto...) fue un mero marcado de cada punto usando la plantilla como base.


©David Valdés


Cuando todos los puntos estuvieron marcados retiré la plantilla, lo que dejó todas las marcas al descubierto. Así, con ese trabajo previo, introducir las tachuelas fue pan comido.


©David Valdés


Así, la primera circunferencia (12 tachuelas):


©David Valdés


La segunda circunferencia (24 tachuelas más):


©David Valdés


La tercera (36 más):


©David Valdés


La cuarta y última (48 más):


©David Valdés


Una vez completada la roseta central me planteé ponerle un embellecedor ("grommet") al agujero ("vent hole"), pero estudiando la iconografía me di cuenta de que era un elemento extraño, así que no lo puse. En esta foto solo lo muestro presentado.

©David Valdés


Completé el diseño (usando la misma técnica de plantilla ya descrita) con cuatro circunferencias más y usando tachuelas de mayor tamaño en su centro (tipo "flor").


©David Valdés


Y aquí tenemos, 172 chinchetas después, el diseño acabado:


©David Valdés


El siguiente paso fue fijar la bordonera (comprada en Cooperman, réplica dieciochesca, y que envié a dorar para que el conjunto fuera coherente -la pieza original era cromada-):


©David Valdés


Ayudado del tapete marcador de ángulos marqué el punto diametralmente opuesto al de la bordonera...


©David Valdés


...y allí instalé el "butt plate" (también de Cooperman, y también enviado a dorar).


©David Valdés

Aquí teneís una foto del tambor presentado con sus aros y parches, preparado para ser encordado (los parches no son los que actualmente tiene el tambor: los arillos de la foto son de aluminio, y eso no es histórico. Actualmente cuenta con parches de piel montados sobre arillos de madera).


©David Valdés


En un futuro artículo os mostraré el tambor terminado. ¿Os gusta este tipo de acabado?, ¿lo consideráis suficientemente histórico? 😉


…et in Arcadia ego.
© David Valdés

lunes, 19 de noviembre de 2018

Platos chinos: ¿cómo los monto?

La cuestión de cómo colocar los platos chinos en los soportes (boca arriba/boca abajo) es algo que suele salir con relativa frecuencia en foros, grupos... Hoy trataré de aclarar este asunto, y para ello empezaremos repasando un poco su historia.

Los platos chinos se llevan fabricando, literalmente, milenios, y siempre se tocaron en pareja, haciendo chocar uno contra otro.









Su función suele variar entre el uso religioso y funerario para ahuyentar a los malos espíritus y el meramente festivo. Observad que la campana está pensada para que el intérprete pueda usarla como asa. También es habitual pasar un cordón (más o menos engalanado) para facilitar su uso.




En este vídeo podéis verlos y escucharlos en un contexto tradicional. Como podéis comprobar, las partes cóncavas son las que chocan entre sí, golpeando sobre la "doblez" tan característica de estos platos (ver también fotos más arriba):




Los emigrantes chinos comenzaron a llegar a Estados Unidos en 1820, y lo hicieron, por una cuestión lógica de proximidad geográfica, a través de la Costa Oeste, siendo San Francisco su principal puerto de entrada. En EEUU se dedicaron a la minería (la fiebre del oro californiana estaba en pleno apogeo) y a la construcción del ferrocarril que atravesaría el país de costa a costa (y, si nos fiamos de los cómics de Lucky Lucke, a las lavanderías). 

Obviamente, llevaron consigo sus tradiciones, y los platos fueron una de ellas. Ya en el primer tercio del siglo XIX se documenta un uso "civil" de los platos chinos, pues eran usados para atraer público a manifestaciones y mítines políticos. Fue a partir de 1865, acabada la Guerra de Secesión, que la batería empezó a tomar forma (los músicos licenciados de las bandas militares tuvieron que seguir ganándose la vida de alguna manera). Al principio había un músico para cada instrumento (bombo, caja y platos), pero poco a poco fueron surgiendo técnicas de "double drumming" que permitieron que un solo músico se pudiera hacer cargo de todos ellos. El uso de soportes y pedales fue dando forma a lo que hoy conocemos como batería.  

Pues bien, a principios del siglo XX el instrumento tenía esta forma:






Lo habitual era llevar dos platos: uno chino y otro turco (también los turcos emigraron a EEUU: los herederos de Zildjian -Avedis III- se establecieron en el país en 1908, con lo que ambos tipos de platos estaban disponibles).

Para colgar los platos se valieron de la cuerda que ya tenían (recordemos que se tocaban sujetos con la mano y chocándolos. Ver fotos más arriba). Solo había que colgar el plato del soporte (de tipo "gooseneck", pues aún faltaba para que se inventaran los que usamos hoy en día) y... ¡voilà! Observad que, tal y como estaba suspendido el plato entonces, los golpes con la baqueta le caían en una zona completamente distinta a la que llevó los golpes durante milenios:




¿Qué ocurre? Que al colgarse de esta manera, el plato quedó "al revés" (tomando como referencia el uso tradicional), y pasó golpearse sobre el borde curvado hacia arriba (con la campana hacia arriba). Con este tipo de soportes ("gooseneck") es imposible colgar el plato con la campana hacia abajo, pues la morfología de la misma y lo flexible del hilo hacen que el plato quede inclinado, ladeado e impracticable para el ejecutante. Pues bien: resulta que los platos chinos se tocaron de una manera durante milenios, llegó la batería y pasaron a tocarse "al revés", sobre una parte que, en principio, no estaba pensada para recibir los golpes (obviad la maza, fue la foto que encontré):


©Compositiontoday


No fue hasta que aparecieron los soportes modernos que el plato chino se pudo sujetar "bien" (con la campana hacia abajo, los golpes sobre el borde doblado que los recibió durante milenios):







Entonces..., ¿cómo los coloco? La solución es sencilla: como me dé la gana... 😉 Es importante saber que, originalmente, estos platos eran chocados, y como ya sabemos qué partes percutían unas contra otras, la opción "correcta" sería poner la campana hacia abajo en el soporte. Obviamente, estos instrumentos llevan tocándose milenios y están diseñados/concebidos para llevar golpes en esa zona, y si los coloco como en la foto inmediatamente superior, los platos no sufrirán nada porque esa es su naturaleza.

Ahora bien... A la hora de hacer música lo más importante es el sonido y adaptarse al contexto musical. Si me gusta más cómo suenan los platos colocados "al revés" (con la campana hacia arriba), nada me prohíbe colocarlos de esa manera, no iré a la cárcel por ello ni me pondrán una multa... Imaginemos que toco en una banda tipo Nueva Orleans o de swing antiguo: si quiero ser históricamente correcto y sonar como se hacía a principios del siglo XX, lo lógico es colgarlo con la campana hacia arriba, que era como se hacía en esa época, aunque fuera todo lo contrario a lo que se hizo en China durante siglos. Contexto y sonido. No hay otra.

Sí hay alguna cosa que debemos tener en cuenta... Es probable que nuestras baquetas sufran si coloco el plato "al revés" (campana hacia arriba) y golpeo el canto. También es probable que el plato dure menos así, pues esa no es la zona originalmente pensada para recibir los golpes. Dicho esto, lo que importa es el sonido, y nuestros soportes modernos nos permiten colgarlos de ambas maneras, así que hagámoslo de la forma más musical y que produzca el sonido que más nos guste. Así de sencillo 😉.


…et in Arcadia ego.
© David Valdés

miércoles, 17 de octubre de 2018

XIV Festival Internacional de Percusión de Mislata.

El próximo sábado, día 20 de octubre, tendré el gusto de dar una "master-class" en el XIV Festival Internacional de Percusión de Mislata (Valencia-España). Tendrá lugar en el Liceu de Música de Mislata entre las 10:00 y las 14:00. Hablaré sobre la nueva edición de "Método de Movimiento para Marimba", trataré aspectos técnicos relacionados con los famososo 590 ejercicios del libro, explicaré cuestiones relacionadas con la música y tocaremos y trabajaremos repertorio con los asistentes.

También participarán a los largo de los cuatro días del festival magníficos profesores: Javier Eguillor dará una clase de timbales, Noel Savón de percusión afro-cubana, Alejandro Galarza de técnicas de enseñanza, Aarón Cristófol de cajón flamenco, David de Cubas de coaching para percusión y Xaloé Marí de pequeña percusión. Además, habrá conciertos de Kolier Percusión y del Ensemble de Percusiones de la Universidad Autónoma de Nuevo León (México). 

Como veis, un programa muy atractivo y que os recomiendo encarecidamente. Adjunto fotos de la programación oficial y un enlace para que podás informaros e inscribiros: www.liceudemusicamislata.com.












¡Estaré encantado de veros el próximo fin de semana en Mislata! 


…et in Arcadia ego.
© David Valdés


domingo, 8 de julio de 2018

Artículo para Goldenperc.

El pasado viernes se publicó en Goldenperc, blog colaborativo en español, "El concierto para batería de Milhaud y alguna de sus peculiaridades". En él describo un instrumento poco habitual. Descubre cuál AQUÍ.

…et in Arcadia ego.
© David Valdés

viernes, 8 de junio de 2018

"Rute" casero ("DIY").

La semana del día 18 empezaremos los ensayos de la Sexta Sinfonía de Gustav Mahler. Será para el ya tradicional concierto de cierre de temporada que volverá a juntar a las dos orquestas asturianas: la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias y la Oviedo Filarmonía

Tocaré el bombo y, como ya sabreís, en la música centroeuropea existe la tradición del "rute", muy ligado a él. El rute es un manojo de vergas que se usa para golpear el casco del bombo, produciendo un sonido bastante peculiar. Su origen lo podemos encontrar en el davul (podéis recordar mi artículo AQUÍ), antecesor del bombo, que se tocaba con una maza en un parche y con una varilla en el otro. Esta tradición pervivió en nuestro bombo, y ese sonido y forma de tocar se mantuvo (se mantiene) en determinadas zonas de Europa. Compositores como Mahler, Strauss, Stravinsky..., escribieron para él.

Preparando los ensayos y conciertos, quise contar con el mayor número de opciones posibles. Tengo un par de rutes bastante grandes que compré en un bazar oriental a precio de risa (y que ya pudisteis escuchar a la OSPA la última vez que tocó la "Sinfonía Militar" de Haydn), unas "Promark Hot Rods" y unas Vic Firth Rute505. Anticipando acontecimientos, y por si las dos últimas se quedaran cortas de volumen o las primeras se pasaran, decidí hacer unas que estuvieran entre los dos "colores" que ya tenía y así llegar a los ensayos con toda la paleta cubierta.

Lo primero que hice fue aprovisionarme de materia prima en un bazar. En la sección de jardinería/decoración encontré estos manojos de varillas. A 2€ cada uno me hice con un par.


© David Valdés


Longitud y grosor perfectos para hacer un buen rute.


© David Valdés


Junté los dos manojos de "spaghetti" en uno y lo serré por la mitad. Las varillas medían 80cm, así que me quedaron dos "puñaos" de 40cm, lo que resulta en casi 16 pulgadas (15,75, para ser exactos), la medida estándar de las baquetas. ¡Perfecto!


© David Valdés


En el mismo bazar me hice con un rollo de cinta aislante (1€). Cubrí uno de los extremos de cada rute como si pusiera "grip" a una raqueta de tennis y...¡voilà! Un rute perfecto para tocar Mahler.


© David Valdés


Como podéis ver, no hay nada nuevo bajo el sol. Todo este tipo de mazas que están tan de moda y que se usan para tocar la batería, el cajón..., son algo que existe desde muy antiguo. Obviamente, estos apéndices percusivos no solo sirven para tocar en una orquesta: podéis usarlos para tocar vuestro instrumento preferido. El límite es la imaginación y el buen gusto musical.

Por 4,05€ tengo un rute perfecto para lo que me propongo. ¿Vais a dejar de experimentar pudiendo tenerlo tan barato? 😉 Contadme vuestras experiencias con este tipo de "mazas". Prometo subir un vídeo dentro de un par de semanas.


…et in Arcadia ego.
© David Valdés