viernes, 4 de mayo de 2018

"Armonica a bicchieri" en la óperas de Donizetti.

Se ha hecho muy popular estos días un vídeo en el ambiente percusivo. Se trata de los ensayos que se llevan a cabo en la Metropolitan Opera de "Lucia di Lammermoor"; más concretamente, la célebre "aria de la locura" ("Il dulce suono...", acto III, escena 2ª). Lo curioso de este vídeo es que se trata de una interpretación históricamente documentada, pues el famosísimo solo de flauta se toca con el instrumento para el que fue originalmente escrito: la "armonica a bicchieri" (armónica de vasos). La información que leeréis a continuación está sacada del magnífico libro "The Timpani and Percussion Instruments in 19th Century Italy", escrito por Renato Meucci, y que os recomiendo encarecidamente.




La "armónica a bicchieri" es un instrumento que estuvo disponible únicamente en el Teatro San Carlo de Nápoles durante, más o menos, una década. Consiste en vasos que se frotan con los dedos, y la descripción más precisa se encuentra en un tratado de 1846 del napolitano Vito Interlandi:

Hay diferentes tipos, pero la que se usaba en aquel momento estaba compuesta de dos octavas de vasos dispuestos en una especie de caja adaptada a este propósito, y afinada usando más o menos agua en los vasos, que son de diferentes tamaños, desde un Do por debajo del pentagrama hasta un Do por encima de él, y todavía puede alcanzar un Fa agudo, llegando a más de dos octavas, según el fabricante. La melodía se toca con la mano derecha, y los bajos con la izquierda. Las puntas de los dedos, humedecidos con agua, se apoyan ligeramente sobre los bordes de los vasos, y dando vueltas sobre su circunferencia dibujan el sonido. El famoso Franklin elevó el estatus de este juguete al de instrumento en 1763. 

El propio Interlandi dice que, en el momento en que se publica su tratado (1846), la armónica todavía se usaba de vez en cuando en el teatro, pues comenta que "...se debe dejar espacio junto al clave para colocar instrumentos especiales como el arpa, los vasos musicales, u otros, cuando sean necesarios".

Hay dos óperas que Donizetti compuso para el Teatro San Carlo y que orquestó expresamente para la plantilla disponible en él, incluyendo en ellas la armónica de vasos: "Elisabetta o Il castello di Kenilworth" (1829) y "Lucia di Lammermoor" (1835). Desde al menos 1833, en el Teatro San Carlo hubo un "armónico", el mismo Domenico Pezzi para el que se escribió la parte de "Lucía" y que, en el último momento, no la tocó, de ahí la sustitución in extremis por la flauta.

Según Gabrielle Dotto, en su artículo "Voci celesti e scelte critiche", y que fue incluido en un programa de mano de La Scala para una producción de "Lucia", en la partituta autógrafa, en la particella de la armónica, aparece "cancellata ma ancora ricostruibile". Pezzi había ensayado el fragmento con la Taccchinardi-Persiani (soprano del estreno), pero arrastraba problemas con el Teatro, pues ya se había tenido que sustituir la parte de armónica en un ballet previo llamado "Amore e Psiche" (adaptándose dicha parte, proféticamente, a una flauta). El Teatro San Carlo despidió definitivamente a Pezzi argumentando que no era de fiar, y que su sustitución en el ballet se debió a que se había ausentado de la ciudad sin avisar. Pezzi cobraba por actuación (un pionero "freelance"), y alegaba que el Teatro, en dificultades fiancieras, prescindía de él para ahorrarse sus emolumentos. Donizetti decidió la sustitución por "una coppia di flauti" (una pareja de flautas) ante los requerimientos del Teatro tras el despido de Pezzi. Así, el 26 de Septiembre de 1835, día del estreno, no se tocó la armónica.

Añadir que el término "armonica" se usó también para nombrar un instrumento consistente en láminas de cristal tocadas con mazas y, más tarde, con martillos operados por un teclado ("armonica a tastiera"). Este tipo de instrumento fue muy popular en Italia, tal y como se puede comprobar por la abundancia de ejemplos conservados en colecciones privadas.  

Pues bien, queridos flautistas, ahora sabéis que el solo nos pertenece 😉. 

He tocado "Lucia di Lammermoor" varias veces, pero sin armónica por no disponer de ella. ¿Os imaginabais algo así?, ¿os gustaría tocar la parte original? Contadme qué os parece.


…et in Arcadia ego.
© David Valdés

lunes, 16 de abril de 2018

"Método de Movimiento para Marimba" ya está disponible en español.

El pasado lunes 9 de abril fue un día muy especial: después de mucho trabajo, tiempo, esfuerzo e ilusión, por fin se publicaba "Método de Movimiento para Marimba" (L. H. Stevens) en español. Era este un proyecto muy deseado, en el que tanto Leigh como yo habíamos puesto muchas ganas. ¿Mi aportación? Traducir el libro más importante que se haya escrito nunca para este intrumento.


© David Valdés


No creo que a estas alturas haya que explicar la importancia que para la marimba ha tenido Leigh Howard Stevens y su método para tocar con cuatro mazas: es el libro de referencia para todo percusionista desde que se publicara por primera vez en 1979. Su forma de sujetar y mover las mazas, la forma de encordarlas, la revolución que supusieron los mangos rígidos de abedul, los redobles independientes a una mano, los diferentes tipos de golpes, el desarrollo de afinadores en los tubos de todo el registro, las láminas super anchas, el diseño de instrumentos y bastidores regulables en altura, las obras que ha compuesto o han compuesto para él, su trabajo en la publicación de nuevas obras, libros, discos..., han convertido a Leigh Howard Stevens en una figura omnipresente y de referencia para todos los estudiantes e intérpretes de marimba.
 
Tuve la suerte de ser su alumno durante dos años en la Royal Academy of Music, donde estudié para obtener mi "Postgraduate Diploma in Timpani and Percussion". Cuando ambos terminamos nuestro paso por Londres, me puse en contacto con él y le propuse el proyecto. Teniendo en cuenta que en España han calado especialmente sus enseñanzas, que el mercado hispanoblante lo componen 500 millones de personas, que en Iberoamérica hay una importantísima tradición marimbística (México, Guatemala...) y que el español era una de las grandes lenguas a la que todavía no se había traducido "MOM" (debemos recordar que ya existe italiano, francés, alemán y japonés), Leigh decidió dar el paso, y juntos nos embarcamos este proyecto (y debo decir con orgullo que su expresión literal fue "no se me ocurre persona mejor que tú para este trabajo").

"Método de Movimiento para Marimba" (o "MOM", como se le conoce coloquialmente) ha tenido varias reimpresiones y ediciones a lo largo de su existencia. En 2004 cumplió 25 años, y se celebró con una nueva edición revisada y expandida. Fue esta edición del 25 aniversario la que tomamos como base para la versión española.


© Mostlymarimba


Traducir a Stevens es una tarea bastante complicada, pues su sentido del humor un tanto peculiar, los dobles sentidos y las bromas no suelen tener correspondencia en español, pero servidor tiene el mismo tipo de humor, lo que hace que, de la misma manera que encajamos perfectamente durante mi estancia en Londres, la traducción al español no haya perdido ni una pizca de su esencia.

Otro de los problemas (y bien gordo) que se presentó es que, a diferencia del inglés, que puede decir mucho con pocas palabras, el español necesita de complementos, relativos, subordinadas, conjugaciones... Todo eso hace que la misma información ocupe mucho más en español que en inglés, resultando en un verdadero desastre para la maquetación, pues todo lo descoloca. El diseño del libro no se podía tocar mucho, debía mantenerse a grandes rasgos, y eso, con un texto amplísimo comparado con otras ediciones, fue todo un reto...

Así, comencé con un trabajo de mera traducción, tomando notas, señalando posibles errores...


© David Valdés


Incluso anotaba en "post-it" dudas concretas, anotaciones, consultas a la RAE...


© David Valdés


Después de ese trabajo previo imprimí galeradas para comprobar cómo iba el asunto:


© David Valdés


Sobre esas galeradas corregía, modificaba la maquetación, hacía anotaciones...


© David Valdés


El siguiente paso fue una prueba de imprenta, donde ya se podía ver un resultado muy próximo al definitivo. Debo decir que esta edición presenta una novedad respecto a todas las anteriores: la encuadernación en espiral. Un libro que tiene 590 ejercicios y que va a ser usado continuamente en el atril debe ser cómodo para tal propósito, así que se abandonó la encuadernación clásica estándar y se introdujo esta mejora. Estoy seguro de que trabajaréis más cómodamente así.


© David Valdés


Finalmente, y tras un periodo de espera que se me hizo eterno, las rotativas hicieron su trabajo y, ¡al fin!, "Método de Movimiento para Marimba" veía la luz. 


© David Valdés


Es un proyecto muy deseado, en el que me volqué en cuerpo y alma. Puedo decir con orgullo que todo, ABSOLUTAMENTE TODO fue fruto de mi esfuerzo. Desde la idea inicial y presentación, la traducción (que traté de hacer lo más neutra y panhispánica posible, sin giros locales, conservando la intencionalidad, humor y estilo del autor, fiel y que, a la vez, no sonara "a traducción" al leerla, si no como algo que pudiera haber sido escrito por un hispanohablante), trabajo de maquetación, rediseño de fotografías (los archivos originales que contuvieran texto debían ser modificados), consultas a la RAE, el trabajo en InDesign (desde cero, y que implicó hacerme con un MAC específicamente para este trabajo, aprender a usar el programa, pago de la suscripción a Adobe, maquetar...). Fue un trabajo muy duro. Extremadamente duro... Esa dureza no quita que haya sido muy gratificante. Quién me iba a decir, cuando empecé a tocar la marimba con unos 16 años, que no solo acabaría siendo alumno de la persona responsable del libro que utilizaba para estudiar, sino que acabaría siendo el traductor del texto más importante nunca escrito para nuestro instrumento.

He recibido ayuda de Sofía, mi mujer, que ya conoce el libro de memoria por haberlo repasado infinidad de veces en busca de errores. De Diego, que me prestó un Mac, pues todas la fuentes, vínculos y archivos eran inservibles en un PC. De Maite, que me enseñó a manejar InDesign desde cero y siempre estuvo ahí para lo que necesitara. De Jorge, antiguo alumno y Físico, que se aseguró de que todos los conceptos científicos fueran correctos. De David, encargado de Marimba Productions Inc. y mi ángel de la guarda al otro lado del charco, que resolvió con infinita paciencia y prontitud la infinidad de detalles (a veces microscópicos) que yo le proponía resolver tanto en el libro como en la web. De Leigh, que confió en mí para este proyecto.


© David Valdés


El libro ya se puede comprar en mostlymarimba. En breve se podrá adquirir en los canales habituales, pues las distribuidoras que trabajan con MPI ya están avisadas del lanzamiento y, poco a poco, irán enviando stock a las tiendas. 

¿Creéis que es una buena noticia?, ¿os echó para atrás alguna vez no contar con una versión en español? Hacedme saber vuestras preguntas, opiniones o cualquier duda respecto al libro y trataré de responderlas.

   
…et in Arcadia ego.
© David Valdés

lunes, 26 de marzo de 2018

Restauración de un tambor militar.

Mientras me hacía mi propio tambor de 16"x16" ("Tambor militar histórico DIY I", "Tambor militar histórico DIY II" y futuras entradas) llegó a mis manos (y a muy buen precio) otro de 14"x12" ya fabricado, por lo que no pude resistir la tentación de hacerme con él y ponerme manos a la obra para adecentarlo. Dicho tambor era un Gonalca en buen estado, pero necesitado de una puesta a punto para lucir en condiciones. Como suele pasar con la mayoría de los proyectos que os presento en el blog, me vi trabajando con varias cosas a la vez.


© David Valdés


Como siempre, lo primero que hice fue desmontarlo por completo.



© David Valdés



© David Valdés


El tambor tiene parches de piel, pero mi sorpresa fue mayúscula al ver el método con que los sujetaron a los aros... En lugar de usar el método tradicional, ¡utilizaron grapas! Nunca había visto algo así.


© David Valdés


El "bearing edge", salvo sucio, estaba en perfectas condiciones (y muy redondeado, como cabe esperar en un tambor de este tipo. Nada de cortes en ángulo a la moda).


© David Valdés


El interior también estaba inmaculado, pero tratado de forma algo tosca.


© David Valdés


© David Valdés







Los apliques de la bordonera también estaban en buenas condiciones, salvo por el hecho de que al tirador le faltaba la pieza principal (daba igual..., iba a usar otras piezas).


© David Valdés
© David Valdés


También tiene "snare bed" (rebaje para los bordones), que se puede apreciar en la siguiente foto.


© David Valdés


Es de una amplitud considerable y ocupa el hueco entre las dos marcas verdes hechas sobre la mesa.


© David Valdés


Este es el casco completamente desnudo.


© David Valdés


Tenía un acabado "mueble de cocina" que fue de lo primero que me ocupé.


© David Valdés


Utilizando lija de grano 50 se lo quité por completo y dejé el casco en su estado natural.


© David Valdés


Repetí el proceso con granos cada vez más finos (tanto en el interior como en el exterior) hasta dejarlo como el culito de un bebé. Debo decir que el casco es de abedul, y trabajar con esta madera es un verdadero suplicio, pues suelta unas virutas que parecen espuma y hace que el proceso sea verdaderamente engorroso.


© David Valdés


Después traté el interior con cuatro manos de aceite de tung, dejando secar cada una de ellas durante 24 horas antes de aplicar la siguiente. Observad la diferencia entre el interior tratado y el exterior crudo.


© David Valdés



© David Valdés

En el exterior volví a trabajar con un viejo conocido: el tinte de castaño. La primera foto muestra el proceso a medias, la segunda recién terminado (aún húmedo el tinte) y la tercera una vez seco el casco y repasado con lana de acero 000.


© David Valdés
© David Valdés
© David Valdés


Una vez teñido procedí a encerarlo (también con una vieja conocida). Este es el resultado final después de 10 manos.


© David Valdés


El siguiente trabajo fue colocar la bordonera. Para que casara estéticamente con el nuevo acabado, encargué una a Gonalca en color latón viejo:


© David Valdés


© David Valdés

Terminado el casco pasé a trabajar con los aros, que tenían algunas grietas que separaban el laminado.


© David Valdés


© David Valdés


Los encolé, y después los sujeté con pinzas mientras se secaban.


© David Valdés


© David Valdés


El siguiente paso fue lijarlos hasta dejar la madera al descubierto. Después les di diez manos de aceite de tung.


© David Valdés


Lo siguiente que se me ocurrió fue adornarlos de alguna manera. No he visto iconografía que muestre aros con adornos, pero como quería que el tambor fuera "barroco", me apetecía cargar un poco las tintas. La primera idea fue pirograbarlos, pero desistí enseguida porque nunca había hecho nada parecido. La segunda idea surgió en los pasillos de Leroy Merlin al ver estas tachuelas de tapicero:


© David Valdés


Las tachuelas eran más largas que el ancho del aro, así que tuve que cortarlas:


© David Valdés


© David Valdés


Aquí podeís ver una tachuela cortada y otra original:


© David Valdés


El problema de clavarlas así es que pueden astillar la madera y abrirle una grieta, así que machaqué las puntas para evitar problemas. Después de hacer pruebas decidí poner dos chinchetas entre cada dos agujeros. Medí, marqué y preparé el orificio de entrada con un berbiquí:


© David Valdés


Luego solo hay que ir clavándolas por todo el perímetro y tener cuidado con los dedos:


© David Valdés


Este es el resultado final:


© David Valdés


Para rematar los aros les puse un enganche (en el original faltaba) al que poder sujetar la bandolera. Lo encargué a Gonalca, también en acabado latón viejo.


© David Valdés


Ahora os cuento un problema... Estos aros tienen unos agujeros que permiten pasar cuerda de 4mm de diámetro. La cuerda del tambor que ya os mostré en ateriores entradas es de 5mm. La cuerda de cáñamo se vende en rollos de 200m, así que tendría que hacerme con otros 200m de cuerda de 4mm solo para este tambor (y eso es mucha cuerda, ¿eh...?). Por tanto, decidí estandarizar los agujeros de todos mis tambores: con una broca y un par de mordazas para sujetar los aros, agrandé los agujeros para poder usar la misma cuerda en todos y no tener que comprar hectómetros de diferentes calibres. Además de para agrandar su luz, este proceso también sirvió para mejorarlos estéticamente, pues estaban algo machacados de soportar la tensión de la cuerda.

Otra cosa a tener en cuenta: estos agujeros están taladrados perpendicularmente al aro (venían así de fábrica), cosa que no me gusta, pues dificulta el paso de la cuerda, luego el tensado. Si os acordáis, los aros del tambor del que ya os mostré el proceso de fabricación están taladrados con un ángulo de 20º. Eso facilita el paso de la cuerda y el tensado y no estropea los agujeros. Me hubiera gustado modificar estos agujeros para "inclinarlos", pero no tengo las herramientas necesarias.


© David Valdés


Aquí tenemos los aros y el casco ya terminados:


© David Valdés


El siguiente trabajo fue fabricar las orejetas de tensado (las que venían con el tambor no casaban con el nuevo "look" y no eran muy prácticas). Escogí cuero de color claro que se pareciera al de los aros y que, a la vez, fuera contrastante con el color del casco. Al revés: para el hilo de cosido elegí un color parecido al del casco para que fuera contrastante con el del cuero. Así quedaba homogéneo en diseño y bonito (o, al menos, a mi gusto...). Todo el material lo compré en Curtidos Carrasco, tienda gijonesa de toda la vida que merece la pena visitar por los olores, colores, género, amabilidad de los dueños... Una cápsula del tiempo.


© David Valdés


Lijé la cara posterior para ganar en rozamiento/agarre:


© David Valdés


Aquí podéis ver la mitad lijada y la otra sin lijar:


© David Valdés


Marqué con un modelo y después recorté:


© David Valdés


© David Valdés


© David Valdés


Después, con esta herramienta que no sé cómo se llama (pero que es super divertida de usar), les hice un filete decorativo en el borde:


© David Valdés


© David Valdés


Con un sacabocados les hice los agujeros por donde pasaría el hilo:


© David Valdés


© David Valdés


Después usé una aguja un tanto especial e hilo plano de cuero para darles su forma definitiva (no buscaba puntadas exquisitas: copié exactamente lo que vi en modelos antiguos).


© David Valdés


© David Valdés


Con las orejetas acabadas, solo quedaba montarlo todo (en una entrada futura explicaré cómo se hace).


© David Valdés


Los bordones los hice con tripa natural que compré en Baena Sonido (estoy aprendiendo y ya tengo el material para hacer mis propios bordones).


© David Valdés


Después de lijarlos para quitarles la laca con que los sirven, los sumergí en agua para ablandarlos y poder colocarlos sin problema (lo sé, la palangana tiene un diseño algo desfasado... 😊):



© David Valdés


Una vez la tripa estuvo húmeda y flexible, hice un as de guía bien ajustado al bulón y empecé a pasar tripa de un lado a otro:


© David Valdés


© David Valdés


© David Valdés


Una vez lo pasé cuatro veces a lo largo del parche inferior, volví a hacerlo firme en el bulón con un as de guía y los dejé secar.


© David Valdés


Bien tensa la cuerda, el tambor ya está terminado y listo para ser tocado. En una futura entrada os mostraré el resultado sonoro, pero debo anticiparos que es extraordinario, con un volumen y articulación capaces de despeinar a todo un regimiento. Un tambor ideal para tocar repertorio tradicional y música antigua.

A continuación os muestro algunas fotos más artísticas:


© David Valdés


© David Valdés


© David Valdés


© David Valdés


© David Valdés


© David Valdés


© David Valdés


© David Valdés


© David Valdés


© David Valdés


Quedo a la espera de subir una muestra de audio de este proyecto. ¿Tenéis algo similar?, ¿habéis trabajado en uno?, ¿lo habéis restaurado?, ¿lo habéis construido desde cero? Espero vuestros comentarios.


…et in Arcadia ego.
© David Valdés