viernes, 9 de septiembre de 2011

Percusize Me! cumple un año.

Tal día como ayer de 2010, Percusize Me! iniciaba su andadura en la blogosfera con la entrada ¡Bienvenidos!

Durante este año he tratado de mostrar mis inquietudes con respecto a la Música, compartir ideas con mis colegas percusionistas y enseñar al público en general lo maravilloso de mi profesión.

Para festejar este año de andadura, vamos a realizar un sorteo entre todos aquellos lectores del blog que nos envíen su dirección de correo electrónico a info@david-valdes.com Sortearemos dos DVD´s del concierto que la Orquesta Sinfónica de Gijón y el Orfeón Donostiarra ofrecieron en el Teatro Jovellanos el 29 de enero de 2010. El programa consistió en el "Requiem" de G. Verdi, y los solistas fueron Svetla Krasteva, Lola Casariego, Mario Malagnini y Martin Tzonev, todos bajo la batuta de Óliver Díaz.



¿A qué estáis esperando? ¡Mandad vuestros correos ya!


…et in Arcadia ego.
© David Valdés

sábado, 3 de septiembre de 2011

Técnica y musicalidad.

Una de las preguntas más estúpidas a las que  me tengo que enfrentar (y, lamentablemente, siempre es formulada por músicos) es la clásica "¿Qué prefieres: tener técnica, o ser musical?". Sólo hay otra pregunta igual de boba, casi siempre formulada por una señora gorda mientras te pellizca la mejilla: "¿A quién quieres más..., a mamá, o a papá?"

La pregunta, obviamente, ya viene mal planteada de serie:

1. ¿Por qué debo elegir una de las dos opciones?, ¿no es deseable tener una técnica fantástica a la vez que una gran imaginación musical?

2. En el 100% de los casos, la pregunta viene formulada por músicos con una técnica muy deficiente.

3. Por la razón anterior, la pregunta está dirigida a que la contestación sea la que un músico con carencias técnicas desea escuchar: que lo importante es la musicalidad.



Existen varios mitos y malentendidos con respecto a la técnica y la musicalidad que conviene desterrar YA.

Para mucha gente, la musicalidad es algo con lo que se nace, y con la misma "cantidad de musicalidad" que nacemos, se muere. Según los que piensan así, el que nace "musical" no debe preocuparse en aprender a hacer música, pues es algo que ya tiene "dentro", y sale sin más. Por supuesto, los defensores de esta teoría (¡qué casulidad, que todos ellos se consideran a sí mismos "musicales"!) no llegan a entender que hacer música es algo que también se aprende. Obviamente, el talento y la predisposición natural existen, pero si esos dones que la naturaleza otorga al azar no se trabajan, se quedarán en mero potencial, y no fructificarán en un grandísimo músico.

Está claro que Carl Lewis tiene talento y predisposición natural, pero si no hubiera trabajado duramente, no hubiera conseguido 10 medallas olímpicas y 9 en los mundiales. Por tanto, aquel que se considera musical (habría que verlo), hará bien en trabajar su musicalidad, y no creer que tiene un diamante en bruto dentro del pecho que saldrá fuera siempre que lo necesite y sin hacer nada por ello. Por supuesto, el caso contrario (no tener talento, pero trabajar mucho), también puede darse, pero no suele conducir a nada.  Tenemos, entonces, varias posibilidades:

a) No tener talento y no trabajar. Obviamente, no es nada bueno. De aquí sólo podemos esperar músicos nefastos.

b) No tener talento y trabajar. Poco podemos esperar de este caso. Lamentablemente, la buena voluntad y el esfuerzo (grandísimas virtudes) no son suficientes si no vienen acompañadas de algo más. Suele producir músicos mediocres.

c) Tener talento y no trabajar. Caso curioso que suele desesperar a los del caso b). Todos conocemos a gente que, sin casi hacer nada, se meriendan a otros que pasan muchas más horas delante del instrumento. Obviamente, produce músicos mejores que el anterior caso, pero lo son incompletos, pues no llevan su talento (mediante el trabajo) más allá.

d) Tener talento y trabajar. Por supuesto, es la combinación que produce el músico de verdad. No creo que haya mucho que explicar porque es evidente.    



Otra de las sandeces con las que nos solemos encontrar es del siguiente tipo: "Es un músico muy técnico, pero muy frío". Es el tipo de justificación que trata de dar el músico que, obviamente, no tiene la técnica de aquél al que está criticando. Como todo, habrá músicos con gran técnica que sean más o menos expresivos, pero asociar técnica con "frialdad" es tan soberana tontería, que no voy a perder el tiempo tratando de desmontar la relación.


Foto Dulcie Holland

La supuesta musicalidad de aquellos que denostan la técnica, muchas veces se reduce a ritardandi sobredimensionados, fraseos excesivos, tempos (por no tener el suficiente dominio técnico) lentísimos, notas largas hinchadas... Lamentablemente, mucha gente cree que su hortera y amanerada interpretación es "musical", y no... Es HORTERA y AMANERADA. Tenemos, por tanto, alguien que denosta la técnica y defiende la musicalidad, pero resulta que su supuesta "musicalidad" no es más que algo hortera y amanerado (osea, un bluf desde cualquier punto de vista). 

La razón por la que considero una estupidez la pregunta que da pie a esta entrada es porque, quien la formula, entiende que es posible la una sin la otra, y NO ES ASÍ: la técnica y la expresión musical van de la mano, y cualquier estudiante con una inteligancia normal no tiene ningún problema en desarrollar ambas de forma paralela y simultánea.

Cuando la imaginación musical dispara los reflejos musculares que se han trabajado durante tantos años, ésta encuentra respuesta en nuestros dedos, muñecas, brazos..., y todo lo que queremos expresar fluye del cerebro al instrumento sin obstáculo alguno. ¿Qué ocurre cuando no existen esos reflejos musculares (la técnica)? Que nuestros dedos, muñecas y brazos no pueden responder, por falta de trabajo técnico consciente, a las demandas del cerebro; por tanto, entre las ideas del cerebro y el instrumento, hay un cuello de botella que impide la expresión musical.




La técnica sin musicalidad es una posibilidad de la que nos debemos guardar; no obstante, todos conocemos músicos "circenses" que no transmiten gran cosa, pero ahí están: ganándose la vida (¡y algunos muy bien!). Yo todavía no conozco ningún músico supuestamente expresivo y escaso de técnica que pueda pagar la hipoteca. Por otra parte, la expresión musical sin técnica es un imposible, ya que la alta musicalidad (la de verdad, no la hortera) no puede si no ir pareja con una refinadísima técnica: los matices más sutiles de expresión musical requieren de los más sutiles matices técnicos. 

Por tanto, separar técnica y expresión musical es una falacia, pues no se entiende la una sin la otra. Ambas deben correr parejas, y ambas se pueden enseñar. 

Entonces, la próxima vez que alguien te haga la dichosa preguntita, dí que ambas y, además, ya te estarás haciendo una idea del embrollo mental que tiene quien te la formuló.    


…et in Arcadia ego.
© David Valdés