domingo, 27 de febrero de 2011

Técnica de pandereta.

Probablemente, la pandereta es uno de los instrumentos de pequeña percusión que más me gusta tocar. Sus posibilidades son muchísimas, y la cantidad de técnicas y truquillos que se pueden emplear en ella son muy numerosos.

Hace poco, pude tocar con la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias una obra que tiene una parte muy interesante de pandereta: "Romeo y Julieta", de Hector Berlioz. He aquí el vídeo de uno de los conciertos (deberéis subir el volumen, pues el audio está sin comprimir):





Como siempre, aquí tenéis la partitura:




Como podéis ver, entre los números 18 y 19 de ensayo, uso una técnica peculiar que consiste en balancear el golpe entre los dedos medio y pulgar. Hay varias formas de tocar estos pasajes, pero yo me decanté por esta manera porque puedo seguir con la pandereta elevada (luego no pierdo el factor visual que tanto gusta al público), porque me permite igualar tímbrica y rítmicamente los golpes, y porque facilita el fraseo que busco (apoyarme en la primera nota, que de esa energía salgan todas las demás, y recoger la frase).

Para tocar esta técnica, debemos igualar la longitud de los dedos para que los golpes salgan homogéneos. Para ello, coloca tu mano derecha como si fuera una "C" invertida:


© David Valdés

No coloques los dedos estirados, pues serán más largos que el pulgar y no conseguiremos que los golpes salgan igualados:


© David Valdés

Con esa disposición, coloca los dedos sobre el marco de la pandereta (de esta forma estarás sobre las sonajas, que reaccionarán instantáneamente y no sonarás tarde. También tendrás un sonido más claro, pues sólo sonarán las sonajas y no el parche).


© David Valdés

© David Valdés
  
No pongas los dedos como en la siguiente foto, pues el pulgar estará más metido en el parche y producirá un sonido diferente al que producen el resto de los dedos. Tampoco es buena postura, pues tendrás que hacer dos movimientos: uno de pistón con los dedos, y otro rotatorio con el pulgar. Es mejor la disposición anterior, pues se usa un solo movimiento y es más eficaz.


© David Valdés
  
Una vez colocados correctamente, el movimiento es de balancín, tratando siempre de igualar el sonido entre ambos golpes y que suenen lo más homogéneos posible. Aquí tenéis un pequeño vídeo de muestra:





Esta técnica la podéis utilizar en muchísimos pasajes del repertorio: "España" (Chabrier), "Iberia" (Debussy), "Scheherezade" (Rimsky-Korsakov), "Alborada del Gracioso", "Rapsodia Española" (Ravel), "Cascanueces" (Tchaikovsky), "Sinfonía nº 3" (Mahler)...

Además, esta forma de tocar es fantástica para conseguir mordentes de una, dos y tres notas. También, con unas pocas modificaciones, podemos conseguir dinámicas por encima de forte y tocar cosas como el Trepak de "El Cascanueces" (sí, lo he tocado si recurrir a la técnica de rodilla). 

Si queréis un técnica polivalente, os recomiendo probar esta, pues sus aplicaciones son muchísimas.


…et in Arcadia ego.
© David Valdés

jueves, 24 de febrero de 2011

La técnica Stevens vale para todo.

Si la aspirina lo cura todo, Dixan lo limpia todo, los vaqueros conjuntan con todo, y a la niña de Catalana Occidente su papá se lo arregla todo, todo y todo, tenemos que encontrar un equivalente percusivo que para todo sirva, y esa es la técnica Stevens.

Los que me conocen saben que uso esta técnica en la marimba, el vibráfono, el glockenspiel ("Pinos de Roma", "La Gran Pascua Rusa"...), el xilófono ("Appalachian Springs", "Oiseaux Exotiques"...), en platos (redobles independientes), en "set-ups"... Siempre que necesito sujetar dos baquetas en una mano, recurro a esta técnica porque me parece la más versátil y la más completa (además de haber tenido la fortuna de estudiarla con el propio Leigh Howard Stevens).

Jamás sentí la necesidad de tocar la batería con cuatro baquetas. Es algo poco común, pero nada nuevo: Billy Cobham lo lleva haciendo mucho tiempo (también pude dar varias clases con él en la Royal Academy of Music).


       


El señor Cobham sujeta las baquetas a su manera, pero siendo un verdadero "fan" de la técnica Stevens, me ha sorprendido muy gratamente (y no pude evitar esbozar una sonrisa al verlo) el siguiente vídeo. En él aparecen dos monstruos: Tony Bennett y Clayton Cameron. Este estupendo batería nos demuestra que sabe de qué va la cosa, pues en 2:03 se marca unos "simples alternos". Disfrutad de la música y, como curiosidad (sólo como curiosidad), añadid una utilidad más a la técnica Stevens.





¡Haga un hueco en su vida a esta técnica, abandone bicefalias, y su vida percusiva mejorará sin duda!

Por cierto... Para los que os gusten estas cosas, el micro de la caja es un Audio-Technica ATM25, los overheads y el del charles unos Audio-Technica AT4050, y en los toms lleva unos Audio-Technica ATM350.


…et in Arcadia ego.
© David Valdés

viernes, 18 de febrero de 2011

Xilófono - El Pájaro de Fuego.

Hoy hablaremos sobre un verdadero reto técnico y musical: la parte de xilófono de "El Pájaro de Fuego", de Igor Stravinsky. Más concretamente, hablaremos de la "Danse de la Suite de Kastchei Enchantée par l´Oiseau de Feu".





Aquí tenéis la partitura:




Cuando toquemos este fragmento, debemos anclarnos fuertemente al tempo de la orquesta en el 126, y pensar en semicorcheas para encajar perfectamente cuando sea nuestra entrada. Lo sabio es escuchar las semicorcheas que toca la cuerda. Cuando nos toque entrar 8 compases después, tenemos que estar perfectamente "montados" en el tempo, y las semicorcheas deben ir clavadas.

La partitura nos indica una velocidad de 152. Obviamente, esto dependerá del maestro, así que lo mejor es estudiar varias velocidades por encima y por debajo para que no nos coja por sorpresa ninguna. En el vídeo he escogido una velocidad de 165. Es una velocidad de audición, quizá no muy musical, pero una velocidad que demuestra al tribunal que puedo tocar rápido; es una velocidad que, cuando estás compitiendo con otros muchos aspirantes, puede hacer que la balanza se incline hacia tu lado (o no..., ¡quién sabe!).

Mi idea de fraseo hasta que empiezan a "llover" semicorcheas (4 compases antes de 130) es la siguiente: apoyarme en la primera nota, que de esa energía salgan todas las demás, y recoger al final:



No sé si queda muy claro cuando lo toco debido a la compresión de audio que aplica la cámara, pero esa es mi intención.

Igualmente importante es la graduación dinámica: piano al comenzar, mezzo piano cuatro compases después, mezzo forte en 129, forte en 130, y así sucesivamente. De nuevo, esa es mi intención, pero no sé si se percibe claramente por culpa de la compresión que añade la videocámara.

Es vital que, en los compases de silencio, sigamos sintiendo internamente las semicorcheas y que miremos al director. Si os dais cuenta, en los silencios levanto la cabeza para establecer contacto visual con el hipotético maestro: nunca jamás permitáis que un director os llame la atención porque no le miráis. Siempre que me es posible (y este fragmento no se presta mucho a ello por su dificultad), levanto la cabeza del instrumento para mirar al frente.

Algo con lo que debemos tener mucho cuidado es la figuración de la cuerda en 128, pues su diseño rítmico comienza con un silencio de corchea en la parte fuerte, produciendo una síncopa. Que éso no nos despiste: nuestro tempo y nuestro ritmo deben ser sólidos como una roca. Lo mismo vuelve a ocurrir en 129, donde ese diseño lo toman los contrabajos:



Cuatro compases antes de 130, cambio la baquetación lógica y empiezo con la izquierda, de manera que el salto de 4ª entre el Re y el La lo toque mi mano fuerte (la derecha).




Hasta 130 nuestro papel consiste en pequeñas intervenciones de color, pero a partir de este número de ensayo vamos doblando a la madera o a la cuerda. Aunque siempre debemos ser muy cuidadosos con nuestra parte, lo debemos ser especialmente cuando doblemos a otros instrumentos, pues los fallos son mucho más obvios.

En 131 y 132, donde estamos tocando ese pedal superior junto con la cuerda, como ya tenemos una dinámica muy generosa, prefiero recogerme un poco para que salga más el diseño de los otros instrumentos.

Con respecto al final (cuatro compases antes del allegro feroce), hay gente que hace un accelerando para preparar el nuevo tempo, pero a mí me resulta mucho más efectivo y dramático que el nuevo tempo sea súbito (así tiene más caracter feroz), pero eso no depende de mí, sino del señor de la batuta. En una audición, prefiero ceñirme al papel (y a mi propio gusto) y no acelerar. Diferentes maestros tienen diferentes interpretaciones, pero en una audición, considero más acertado tocar literalmente lo que está escrito, de forma que el tribunal no se vea en la disyuntiva de pensar si hacemos el accelerando porque conocemos la música o porque no podemos mantener el tempo. Ante la duda, y tal y como dicen los ingleses, "stick to the ink".

Para terminar, podéis ver que la última nota la toco con la derecha (contrariamente a la secuencia natural). Con ello consigo que la que se supone es la más fuerte de todas las notas, tenga la energía necesaria (soy diestro).   

Para acabar, recomendaros encarecidamente esta fantástica obra. No os perdáis el apoteósico final.


…et in Arcadia ego.
© David Valdés

lunes, 14 de febrero de 2011

Día de San Valentín.

No soy yo el tipo de persona que siga los dictados de los centros comerciales, así que tampoco muestro mi amor cuando el Corte Inglés dice que debo hacerlo. Aún así, para mucha gente San Valentín puede ser un día importante. Por ello, mi entrada de hoy irá dedicada a Romeo y Julieta, los enamorados por antonomasia.

Uno de mis compositores favoritos es Sergei Prokofiev, y su ballet "Romeo y Julieta" es una obra que me encanta y que he tenido la suerte de tocar (y que volveré a tocar los próximos días 24 y 25 de febrero). Además, las partes de percusión son un verdadero desafío para cualquier instrumentista.

Una de mis versiones favoritas es la que DECCA grabó con Lorin Maazel al frente de The Cleveland Orchestra. Os la recomiendo encarecidamente.

Tampoco está nada mal la de ValeryiGergiev al frente de la London Symphony. Aquí os pongo un par de enlaces que espero disfrutéis:








Romeos, haced felices a vuestras Julietas. Julietas, haced felices a vuestros Romeos.

Que tengáis un buen día de San Valentín.


…et in Arcadia ego.
© David Valdés

sábado, 12 de febrero de 2011

Los Ochenta´s.

Hoy, si me lo permitís, voy a desviar el asunto del blog hacia algo que no tiene que ver con la percusión. Si echáis un vistazo al subtítulo de mi blog, podréis ver que mi intención es, aparte de tratar asuntos percusivos, escribir sobre “la música, el arte y la vida”. Pues bien, sobre la música y la vida será sobre lo que hoy escriba.

Obviamente, en el año 1983 España era un país inocente. Un servidor también lo era, pues es lo lógico para un niño que por entonces tenía 7-8 años. Esa inocencia se percibía en todos los aspectos: en la sociedad, en la política… y, cómo no, en la música.

El otro día escuché una canción que desató un torbellino de recuerdos. Como ya dije en la entrada "Nostalgia radiofónica", muchas veces tenemos sonidos, olores y sensaciones profundamente guardados en nuestro disco duro: tan profundamente guardados, que no los recordamos hasta que una chispa los hace brotar a la superficie, y es entonces cuando todo lo asociado a ese olor, sonido…, sale en tropel. Recordar es volver a vivir, y gracias a los recuerdos que esta canción despertó, pude rememorar una etapa de mi vida (parte de mi infancia) extremadamente feliz (en realidad, salvo por la muerte de mi padre, puedo decir que mi vida siempre ha estado colmada de felicidad).

La canción es ésta, y representó a España en el Festival de la OTI de 1983:





¿Qué habrá sido de la OTI? Por lo que yo recuerdo, su festival era casposillo y muy, muy, muy hortera.

Quiero que os fijéis bien en la versión “de disco”, pues nos servirá para compararla con la versión en directo. Si ya la tenéis bien estudiada, aquí está la canción tal y como sonó en aquel Festival de la OTI de 1983:





Ahora es cuando podemos hablar sobre la inocencia que reinaba en España por aquella época.

Lo primero: las televisiones iberoamericanas tenían cientos de canales, y nosotros nos conformábamos con la UHF y la VHF. Dos canales en los que cabía todo, y no parecíamos necesitar la plétora de la que ¿disfrutamos? hoy. Mil veces se quedó mi padre sin poder ver “La Clave” de José Luis Balbín para que mi hermano y yo pudiéramos ver “Un, Dos, Tres, responda otra vez” (es que eso de más de un televisor en casa era cosa de millonarios o excéntricos).

Otra cosa más: ¿os dais cuenta del sonido telefónico que tiene el locutor en la retransmisión? No creo que ese estándar fuera aceptable hoy día.

Ahora, lo verdaderamente descacharrante: el locutor, inocentemente, explica que el directo “no sonará como el disco” porque hay una serie de “instrumentos electrónicos” que no les han permitido usar. Habla de instrumentos electrónicos sin saber muy bien qué es “eso”, sin meterse en demasiados detalles porque parece que es algo tan novísimo, que no alcanza a comprender de qué puede tratarse. ¿Conocéis algún grupo actual que suene en directo como en el disco? Ninguno, porque ahora ni se toca ni se canta: se mueve el culo.

Los 80 fueron la época de la reverb por toneladas (las unidades Lexicon eran los juguetes favoritos de los estudios, y conozco a un técnico que cuenta la anécdota de cómo Isabel Pantoja le decía “ponme mil duros más de reverb”). También fue la época de las míticas baterías electrónicas Simmons, aquellas de parche hexagonal, muy grande, y que sonaban “piuuuuu” al golpearlas (sin ellas, el italo-disco y Modern Talking no hubieran sido lo que fueron).


© Simmons

También fueron clásicos las cajas de ritmo Linndrum y la mítica Roland 808.



© Roland
© LinnDrum

Los 80 vivieron el auge de los sintes, bien aportando pads o líneas solistas. El DX7 de Yamaha es un clásico.


© Yamaha

¿Qué pasa si a nuestro representante no le dejan usar tan novedosos instrumentos? Pues que hay que usar una orquesta y, además... ¡tocar en directo! Sí, señores, hubo un tiempo en que había música en directo, con músicos de verdad, y directores como Augusto Algueró o Leiva se ponían al frente de MÚSICOS. Por aquella época, lo del playback (“sonido pregrabado”, que advertía nuestra VHF ó UHF) se consideraba una estafa. Hoy día, el mayor engaño para con el público (que los “músicos” ni toquen ni canten) es considerado normal por nuestra abotargada sociedad.

Más cosas… Este chico que canta tiene por nombre artístico Gonzalo... ¿Hay algo más inocente que eso? Podría llamarse Lady Gaga, Mojinos Escozíos o cualquier otra subnormalidad, pero se llamaba Gonzalo (así, a palo seco), y tenía éxito.

Por aquel entonces, no hacia falta llevar micro de diadema y bailar hasta la extenuación mientras se cantaba (con todo lo que eso implica para la afinación). Este chico se mueve menos que Espinete en una cama de velcro, ¡pero tenía éxito! Se peinaba como si le hubiese lamido una vaca, ¡pero tenía éxito! Se vestía de manera normal, ¡pero tenía éxito! Eso sí, para el magno acontecimiento del festival, lució traje de Jesús del Pozo.

No hay mujeres semidesnudas contorsionándose a su alrededor simulando actos sexuales, como tampoco sale un negrazo de 2x2 rapeando cualquier sinsustanciada a mitad de canción, no hay corrección de la afinación con “Auto-Tune”… ¿Cómo pudimos vivir sin todas estas cosas allá por 1983?

Cuando canta, todas las consonantes plosivas saturan su micro (fijaos que, incluso cantando fuera del eje, ese micro dinámico del montón suena muy bien), las trompetas fallan en los agudos, el chico desafina, se adelanta … Pero lo más simpático de todo, es que él mismo canta lo que en estudio se hace con un “delay”: quién piensa en ti, quién piensa en ti, quién piensa en ti… Lo fácil hubiera sido contar con unos coristas que lo hicieran, pero él canta su propio "delay"… ¡Inocencia en estado puro!


© Hispa Vox

Las estrofas no son gran cosa (son musicalmente poco interesantes por repetitivas, y la letra está metida con calzador), pero sí me parece que tiene un muy buen estribillo (de hecho, es lo que más se repite al final de la canción). Pues bien, con todos sus defectos, con toda la inocencia propia del momento, esta canción y actuación le dan mil vueltas a toda la basura musical con que nos bombardean actualmente: macizas y macizos que enseñan las tetas mientras hacen que cantan, todo homogeneizado bajo un batiburrillo pop-latino, gente que ni toca ni canta, letras para gilipollas hechas por gilipollas, copiones de lo foráneo que se creen originales, actitudes chulescas, poses preparadas, el rap y el hip-hop como máximos exponentes de nuestra cultura musical, el “yo soy auténtico” pero no me doy cuenta de que soy el enésimo clon prefabricado…

No me entendáis mal y queráis ver una nostalgia ñoña o una historia del abuelo Cebolleta en esta entrada. Dicen que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero yo no lo creo así: un tiempo pasado es sólo eso, un tiempo pasado; mejor o peor, lo decidirá cada uno.

Lo que sí creo innegable es que, a pesar de todas las mejoras tecnológicas, de preparación de los músicos y de evolución del mundo del espectáculo, no es mejor, ni mucho menos, la música popular actual que la de entonces… Más bien creo que es al revés. Inocentes lo éramos un rato, pero muchísimo más válidos y auténticos, también.       

Ahora, sed sinceros: mirad este vídeo, calentito, recién salido del horno (el descanso de la final de la Super Bowl) y, no me digáis que, casi 30 años después, con todas las mejoras tecnológicas, el resultado es simplemente abominable (por no decir asqueroso).





Por sencillo, sincero, inocente y auténtico, me quedo mil veces con Gonzalo. Black Eyed Peas y demás porquería musical, por mí podéis perderos en un agujero negro.


…et in Arcadia ego.
© David Valdés