sábado, 12 de febrero de 2011

Los Ochenta´s.

Hoy, si me lo permitís, voy a desviar el asunto del blog hacia algo que no tiene que ver con la percusión. Si echáis un vistazo al subtítulo de mi blog, podréis ver que mi intención es, aparte de tratar asuntos percusivos, escribir sobre “la música, el arte y la vida”. Pues bien, sobre la música y la vida será sobre lo que hoy escriba.

Obviamente, en el año 1983 España era un país inocente. Un servidor también lo era, pues es lo lógico para un niño que por entonces tenía 7-8 años. Esa inocencia se percibía en todos los aspectos: en la sociedad, en la política… y, cómo no, en la música.

El otro día escuché una canción que desató un torbellino de recuerdos. Como ya dije en la entrada "Nostalgia radiofónica", muchas veces tenemos sonidos, olores y sensaciones profundamente guardados en nuestro disco duro: tan profundamente guardados, que no los recordamos hasta que una chispa los hace brotar a la superficie, y es entonces cuando todo lo asociado a ese olor, sonido…, sale en tropel. Recordar es volver a vivir, y gracias a los recuerdos que esta canción despertó, pude rememorar una etapa de mi vida (parte de mi infancia) extremadamente feliz (en realidad, salvo por la muerte de mi padre, puedo decir que mi vida siempre ha estado colmada de felicidad).

La canción es ésta, y representó a España en el Festival de la OTI de 1983:





¿Qué habrá sido de la OTI? Por lo que yo recuerdo, su festival era casposillo y muy, muy, muy hortera.

Quiero que os fijéis bien en la versión “de disco”, pues nos servirá para compararla con la versión en directo. Si ya la tenéis bien estudiada, aquí está la canción tal y como sonó en aquel Festival de la OTI de 1983:





Ahora es cuando podemos hablar sobre la inocencia que reinaba en España por aquella época.

Lo primero: las televisiones iberoamericanas tenían cientos de canales, y nosotros nos conformábamos con la UHF y la VHF. Dos canales en los que cabía todo, y no parecíamos necesitar la plétora de la que ¿disfrutamos? hoy. Mil veces se quedó mi padre sin poder ver “La Clave” de José Luis Balbín para que mi hermano y yo pudiéramos ver “Un, Dos, Tres, responda otra vez” (es que eso de más de un televisor en casa era cosa de millonarios o excéntricos).

Otra cosa más: ¿os dais cuenta del sonido telefónico que tiene el locutor en la retransmisión? No creo que ese estándar fuera aceptable hoy día.

Ahora, lo verdaderamente descacharrante: el locutor, inocentemente, explica que el directo “no sonará como el disco” porque hay una serie de “instrumentos electrónicos” que no les han permitido usar. Habla de instrumentos electrónicos sin saber muy bien qué es “eso”, sin meterse en demasiados detalles porque parece que es algo tan novísimo, que no alcanza a comprender de qué puede tratarse. ¿Conocéis algún grupo actual que suene en directo como en el disco? Ninguno, porque ahora ni se toca ni se canta: se mueve el culo.

Los 80 fueron la época de la reverb por toneladas (las unidades Lexicon eran los juguetes favoritos de los estudios, y conozco a un técnico que cuenta la anécdota de cómo Isabel Pantoja le decía “ponme mil duros más de reverb”). También fue la época de las míticas baterías electrónicas Simmons, aquellas de parche hexagonal, muy grande, y que sonaban “piuuuuu” al golpearlas (sin ellas, el italo-disco y Modern Talking no hubieran sido lo que fueron).


© Simmons

También fueron clásicos las cajas de ritmo Linndrum y la mítica Roland 808.



© Roland
© LinnDrum

Los 80 vivieron el auge de los sintes, bien aportando pads o líneas solistas. El DX7 de Yamaha es un clásico.


© Yamaha

¿Qué pasa si a nuestro representante no le dejan usar tan novedosos instrumentos? Pues que hay que usar una orquesta y, además... ¡tocar en directo! Sí, señores, hubo un tiempo en que había música en directo, con músicos de verdad, y directores como Augusto Algueró o Leiva se ponían al frente de MÚSICOS. Por aquella época, lo del playback (“sonido pregrabado”, que advertía nuestra VHF ó UHF) se consideraba una estafa. Hoy día, el mayor engaño para con el público (que los “músicos” ni toquen ni canten) es considerado normal por nuestra abotargada sociedad.

Más cosas… Este chico que canta tiene por nombre artístico Gonzalo... ¿Hay algo más inocente que eso? Podría llamarse Lady Gaga, Mojinos Escozíos o cualquier otra subnormalidad, pero se llamaba Gonzalo (así, a palo seco), y tenía éxito.

Por aquel entonces, no hacia falta llevar micro de diadema y bailar hasta la extenuación mientras se cantaba (con todo lo que eso implica para la afinación). Este chico se mueve menos que Espinete en una cama de velcro, ¡pero tenía éxito! Se peinaba como si le hubiese lamido una vaca, ¡pero tenía éxito! Se vestía de manera normal, ¡pero tenía éxito! Eso sí, para el magno acontecimiento del festival, lució traje de Jesús del Pozo.

No hay mujeres semidesnudas contorsionándose a su alrededor simulando actos sexuales, como tampoco sale un negrazo de 2x2 rapeando cualquier sinsustanciada a mitad de canción, no hay corrección de la afinación con “Auto-Tune”… ¿Cómo pudimos vivir sin todas estas cosas allá por 1983?

Cuando canta, todas las consonantes plosivas saturan su micro (fijaos que, incluso cantando fuera del eje, ese micro dinámico del montón suena muy bien), las trompetas fallan en los agudos, el chico desafina, se adelanta … Pero lo más simpático de todo, es que él mismo canta lo que en estudio se hace con un “delay”: quién piensa en ti, quién piensa en ti, quién piensa en ti… Lo fácil hubiera sido contar con unos coristas que lo hicieran, pero él canta su propio "delay"… ¡Inocencia en estado puro!


© Hispa Vox

Las estrofas no son gran cosa (son musicalmente poco interesantes por repetitivas, y la letra está metida con calzador), pero sí me parece que tiene un muy buen estribillo (de hecho, es lo que más se repite al final de la canción). Pues bien, con todos sus defectos, con toda la inocencia propia del momento, esta canción y actuación le dan mil vueltas a toda la basura musical con que nos bombardean actualmente: macizas y macizos que enseñan las tetas mientras hacen que cantan, todo homogeneizado bajo un batiburrillo pop-latino, gente que ni toca ni canta, letras para gilipollas hechas por gilipollas, copiones de lo foráneo que se creen originales, actitudes chulescas, poses preparadas, el rap y el hip-hop como máximos exponentes de nuestra cultura musical, el “yo soy auténtico” pero no me doy cuenta de que soy el enésimo clon prefabricado…

No me entendáis mal y queráis ver una nostalgia ñoña o una historia del abuelo Cebolleta en esta entrada. Dicen que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero yo no lo creo así: un tiempo pasado es sólo eso, un tiempo pasado; mejor o peor, lo decidirá cada uno.

Lo que sí creo innegable es que, a pesar de todas las mejoras tecnológicas, de preparación de los músicos y de evolución del mundo del espectáculo, no es mejor, ni mucho menos, la música popular actual que la de entonces… Más bien creo que es al revés. Inocentes lo éramos un rato, pero muchísimo más válidos y auténticos, también.       

Ahora, sed sinceros: mirad este vídeo, calentito, recién salido del horno (el descanso de la final de la Super Bowl) y, no me digáis que, casi 30 años después, con todas las mejoras tecnológicas, el resultado es simplemente abominable (por no decir asqueroso).





Por sencillo, sincero, inocente y auténtico, me quedo mil veces con Gonzalo. Black Eyed Peas y demás porquería musical, por mí podéis perderos en un agujero negro.


…et in Arcadia ego.
© David Valdés

2 comentarios:

  1. Totalmente de acuerdo.
    Sobre todo con lo de la "presunta necesidad" que parece haber hoy en día de acompañar a todos/as los/as "cantantes" de "cuerpo de baile" para rellenar o hacer creíble el espectáculo. Obviamente así se distrae la atención hacia lo puramente sexual (que es lo que atrae a las masas) y se ocultan todas las carencias y falta de creatividad y personalidad sobre un escenario.

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  2. Por cierto, y a pesar del descrédito que sufrieron una vez paso la moda del llamado techno pop, soy un incondicional de las SIMMONS (de hecho poseo varias) y la LINNDRUM.

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