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lunes, 25 de noviembre de 2019

Solución para los bordoneros Premier 632 y similares.

Estoy seguro que muchos de vosotros, al igual que yo, tenéis cajas Premier con el bordonero 632, clásico entre clásicos.


©Musikk-miljo.no


También hay bordoneros de este tipo (parte inferior de la pletina agujereada) de la marca Ludwig, y no me extraña que terminemos cogiéndoles tirria por lo engorroso que resulta sujetar con ellos bordones modernos. ¿Por qué ocurre esto? Porque estos bordoneros estaban diseñados para bordones de tripa natural.




Aunque algunos aún seguimos usando tripa en algunos tambores, esto no es, ni mucho menos, lo habitual hoy en día, por lo que los percusionistas que usan "snappy wires" con este tipo de palancas utilizan los propios cordones para sujetarlos a la pletina, lo que, en la mayoría de los casos, da lugar a soluciones un tanto chapuceras...






Lo que hoy os propongo es muy fácil de hacer, barato, útil y práctico. Comprad una regleta eléctrica de sujeción del color que prefiráis (yo elegí el negro porque me parece más elegante). Son piezas baratísimas.


   

Cortad dos piezas individuales.


©David Valdés


Eliminad las rebarbas con un cutter y dejadlas lo más presentables posible (es una mera cuestión estética, pero es bueno hacer las cosas bien 😉).


©David Valdés


Ahora solo hay que sujetar los bordones. Yo he usado cordón de cuero marrón de sección circular, muy rígido y resistente.


©David Valdés


Pasad el cordón de atrás hacia delante por los agujeros de la pletina. Aseguraos de que corra paralelo a los bordones para evitar torsiones, ruidos...


©David Valdés

Seguramente, dado el propio diseño, los agujeros por los que lo hayáis introducido estén a distinta altura. Da igual siempre que la tensión en ambos extremos sea idéntica para evitar torsiones, luego ruido. Ahora colocad la regleta preparada anteriormente en el cordón.


©David Valdés


Juntad bien la regleta a la pletina y, mientras mantenéis la tensión deseada sobre el cordón, apretad los dos tornillos.


©David Valdés


A continuación, seguid el mismo proceso en el otro extremo.


©David Valdés


©David Valdés
  

©David Valdés


©David Valdés


©David Valdés


©David Valdés


Un sistema seguro, efectivo y elegante para sujetar bordones modernos a "strainers" de la vieja escuela. ¡Enseñadme vuestras cajas Premier y las soluciones a las que habéis llegado para solventar este problema!


…et in Arcadia ego.
© David Valdés

viernes, 24 de mayo de 2019

Tambor militar histórico DIY (y IV).

Hoy os ofrezco la última entrega del proceso de construcción de mi propio tambor militar histórico. Podéis ver la primera parte AQUÍ, la segunda AQUÍ y AQUÍ la tercera.

Para refrescar la memoria, este es el estado del tambor en su última actualización:


© David Valdés


Lo primero que hice fue fabricar unas orejetas ("apretones" en la tradición asturiana). Son las que sirven para tensar la cuerda del tambor, y utilicé el mismo procedimiento y materiales que describí en "Restauración de un tambor militar". El resultado fue este:


© David Valdés


Encargué unos parches de piel natural montados sobre arillos de madera a Baena Sonido (más grueso el batidor, más fino el resonante), y con un montón de metros (unos 20) de cuerda de cáñamo de 5mm de grosor y mucha paciencia, encordé el tambor:


© David Valdés


Aquí se ven perfectamente las orejetas que hice:


© David Valdés


Aún sin entrelazar la cuerda sobre sí misma y sin tejer la cadeneta con el sobrante, aquí podéis ver el "pig tail", la forma en que se remata el encordado (y que es históricamente correcto. Mirad la iconografía en la tercera parte):


© David Valdés


Una vez terminado el trabajo de encordado pasé a los bordones, y para ello puse a remojo unos cuantos metros de tripa natural que también compré en Baena Sonido:


© David Valdés


Cuando estuvo bien flexible, até un as de guía al bulón trasero ("but plate") que había comprado en Cooperman:


© David Valdés


Después la pasé por el gancho bordonero ("J hook strainer", también de Cooperman):


© David Valdés


Y continué hasta que di seis vueltas con la tripa. Aquí la parte trasera:


© David Valdés


Y aquí la delantera:


© David Valdés


Así es cómo quedaron los bordones sobre el parche inferior:


© David Valdés


© David Valdés


Aquí un detalle de la cadeneta (que se usa para echarse el tambor al hombro cuando no se toca):


© David Valdés


Del "pig tail" y de cómo la cuerda está pasada una vez más cruzando las "Vs" tensoras para poder dar más tensión al parche:


© David Valdés


Esta es la forma en que uní la cadeneta por el extremo opuesto, rematando el chicote con cinta de cuero para que no se deshaga la cuerda:


© David Valdés


El trabajo se podría haber dado por concluido aquí, pero quise añadir más detalles. Así, sujeté al aro un gancho de bronce ("carry hook") de estilo británico e histórico que compré en Cooperman. Esta pieza sirve para enganchar a la bandolera y poder colgar el tambor:


© David Valdés


También añadí tres patas de bronce ("legs") al aro superior (también de Cooperman). Cuando el tamborilero descansaba y descolgaba su instrumento, siempre lo apoyaba en el suelo sobre el aro superior, pues del inferior colgaba la cadeneta y podía mojarse y estropearse (debemos tener en cuenta que estos tambores se tocaban al aire libre, sobre suelo natural -hierba, barro, tierra, piedras...-). También en la parte inferior están los bordones y el mecanismo, que son partes delicadas. Por esta razón, el tambor se apoyaba sobre el aro superior pero, para aislarlo del suelo, se colocaban estas patas. Históricamente siempre tres:


© David Valdés


Aquí se puede ver cómo, dada la vuelta el tambor y apoyado sobre el suelo, este queda levantado gracias a las patas:


© David Valdés


© David Valdés


En estas fotos podemos ver el aro superior con todos sus aderezos ("carry hook" y "legs"):


© David Valdés



© David Valdés


Finalmente, una foto de todo el tambor acabado:


© David Valdés


Creo que, estéticamente, ha quedado precioso, y os puedo asegurar que suena como un verdadero cañón.  Gracias a este tambor (16"x16") y al otro que restauré (14"x14"), tengo muchas opciones de timbres para tocar música antigua. En futuras entradas subiré muestras de audio de esta maravilla. ¿Os gusta?


…et in Arcadia ego.
© David Valdés

viernes, 18 de enero de 2019

Una curiosidad: de la condición física para tocar la caja.

Como ya sabéis, me interesa mucho todo lo relacionado con la historia y la tradición de nuestro instrumento. Buceando buscando información, encontré en la Biblioteca Virtual del Ministerio de Defensa un libro de 1901 titulado "Manual para las Bandas de cornetas y tambores", escrito por Manuel Novoa López (podéis descargarlo gratuita y legalmente en el enlace).




Echando un primera y rápida ojeada me encontré con una curiosidad que es lo que da pie a la entrada de hoy: suele ser muy habitual en grupos, foros y demás lugares de reunión de percusionistas y baterías leer cosas como que "hay que fortalecer las muñecas", que "hay que desarrollarlas", que "hay que coger fuerza"... Lo habitual en el mundillo es encontrarse con consejos y recomendaciones para convertir estas articulaciones poco menos que en máquinas de matar capaces de doblar vigas de acero colado.  

Esto siempre me ha llamado mucho la atención... Primero porque nunca he considerado la técnica una cuestión de fuerza bruta, sino, muy al contrario, una cuestión de habilidad, destreza, lógica y razonamiento. Segundo, porque mis muñecas se parecen más a las de una cortesana de Versalles que a las de un gabarrero del Rhin, y eso jamás ha supuesto un problema para tocar cualquier cosa que se me pusiera por delante (volumen, rapidez, resistencia...). Pues precisamente de esto va el corto artículo de hoy: una curiosidad que aparece en este libro y que recomienda todo lo contrario.




"DE LOS EDUCANDOS DE TAMBORES

Debe observar además de las prefijadas en los párrafos 1º y 2º de los educandos de cornetas; que tengan las muñecas de las manos delgadas y agilidad en los brazos, con el fin de poder manejar con facilidad las baquetas.

Por este motivo, encargo que si pueden ser muchachos de la clase de paisano, es preferible a los soldados de las compañías por tener estos demasiado desarrolladas las muñecas siendo por lo tanto un contratiempo para la enseñanza de los tambores.

Reuniendo todas estas condiciones tanto los unos como los otros es lo más probable que en un corto tiempo den satisfactorios resultados".

Curioso, ¿verdad? Según el autor, los tambores que van a estar tocando durante largo tiempo en combate y a grandes volúmenes para hacerse oir y poder transmitir las órdenes, no necesitan (¡más bien al contrario!) unas muñecas especialmente desarrolladas, fuertes o como el cuello de Fernando Alonso...

Hay otra cosa que llama la atención en esos tres párrafos: el autor hace referencia a "muchachos", y eso enlaza con la tradición del "drummer boy". Hubo un tiempo en que los tambores de infantería eran chicos muy jóvenes, prácticamente adolescentes, niños incluso (hay documentados tambores de 9 y 10 años en la Guerra Civil Americana). Dado el año en que se escribió el libro (1901) es seguro que el autor ya no se refería a niños, pero es probable que adolescentes de 15, 16 o 17 años fueran candidatos a formar parte de esas bandas como tambores. 

Dejaremos para otro día este asunto del "drummer boy". Hoy, la curiosidad está en las condiciones físico/anatómicas que se consideraban idóneas a principios del siglo XX para aprender a tocar el tambor.   

¿En qué estado físico se encuentran tus muñecas? 😏


…et in Arcadia ego.
© David Valdés

jueves, 10 de enero de 2019

El concierto de Año Nuevo, el "Österreichische locke" y la tradición al tambor.

Con el Concierto de Año Nuevo aún fresco, me gustaría hablaros de un pequeño detalle: el "solo" de caja que precede a la tradicional "Marcha Radetzky".

 


Aquí tenéis la partitura. Aparte de alguna errata evidente que se corrije sobre la marcha, no hay nada en ella que haga referencia a esa introducción:


  

¿De dónde salen esos ocho compases que se suelen tocar? La respuesta es muy fácil y obvia si habéis tocado en bandas. De vez en cuando, y para que los instrumentistas puedan descansar, hay momentos en un desfile en los que la banda deja de tocar (lo que suele señalarse, al menos en las bandas en las que yo he tocado, con un golpe de bombo a buen volumen y a contratiempo -"golpe de aro" solía ser el término empleado-). Durante ese tiempo en el que los músicos no tocan, estos continúan marchando y marcando el paso y, para que todos lo sigan haciendo acompasadamente, el único músico que sigue tocando es el caja, que marca el paso utilizando un ritmo de marcha (el que sea dependerá de la tradición del lugar, país, tipo de desfile...). Cuando el director decide que es el momento de volver a hacer sonar la música, se da la vuelta, se dirige hacia la sección de percusión y estos tocan una llamada que pone sobre aviso al resto de los músicos. Finalizada la señal, los músicos comienzan a tocar (bien retomando la pieza anteriormente interrumpida u otra nueva previamente indicada por el director).

Pues bien, la introducción que oímos antes de la Marcha Radetzky es esa llamada que pone en alerta al resto de músicos indicándoles que, acabada la frase de ocho compases, comienza la obra y todos deben tocar. Obviamente, esa llamada también nos indica el tempo al que deben sumarse el resto de músicos. ¿Es algo que se toque al azar? No... No debemos olvidar que la Marcha Radetzky es música militar compuesta en un país con gran tradición marcial y musical, antiguo Imperio Austro-Húngaro y muy orgulloso de sus tradiciones. Al igual que cada infantería y caballería tiene sus propios toques de ordenanza, cada una de ellas tiene también su propia llamada que pone al resto de músicos en alerta para empezar a sonar.

Estos ocho compases que se tocan antes de la Marcha Radetzky son lo que se llama "Österreichischer Locke" ("Llamada Austriaca"), y que todo músico de ese país conoce porque forma parte de su tradición y herencia musical.




Como podéis ver, es una frase íntimamente ligada a la tradición militar y musical austriaca. No hace falta escribirla porque todo caja la conoce (igual que en España todos conocemos el tradicional ritmo de marcha). Si queremos que todos los músicos de una orquesta comiencen a tocar a la vez sin necesidad de una entrada por parte del director, no hay más que tocar esa frase de ocho compases.




¿Hay más llamadas de este tipo? Por supuesto... Existe también la "Deutsche Locke" ("Llamada Alemana"), usada en ese país y en 6/8 (otro compás típico de las marchas):




No solo existen este tipo de llamadas en Europa... En muchos países de América del Sur (Chile, Paraguay, Perú...) se tocan estas frases previas al inicio de una marcha debido a su tradición prusiana, pues militares prusianos fueron los que formaron e instruyeron a los nuevos ejércitos surgidos en estos países tras independizarse de España.

También en Estados Unidos. Allí se llaman "roll off", y todos vosotros (no percusionistas incluidos) los conocéis de sobra. ¿No me creéis? Ahí va...




¿Es cosa del compositor Alfred Newman esa introducción de cajas, bombo y platos? Pues no... Esa introducción demuestra que conocía bien la tradición militar y musical, pues es una cita literal de una llamada ("roll off") utilizada en la música militar estadounidense que Sanford Moeller mostraba en la página 57 de "The Moeller Book: The Art of Snare Drumming". El libro se publicó en 1925 (y cita música de hace décadas -¡siglos, incluso!), y la fanfarria se compuso en 1933. Esto es para que nos demos cuenta de que, como casi siempre sucede, tenemos interiorizada mucha más música militar, popular, religiosa y de todo tipo de lo que creemos. 




"Después de que la banda haya sido informada (mientras desfila) de qué va a tocar a continuación, el tambor mayor hace una señal al caja y este toca un roll off, después del cual la banda comienza a tocar sin perder el ritmo".

"Hay varias maneras de tocar un roll off, y parece que diferentes localidades han adoptado diferentes estilos. Lo más importante es no romper el ritmo". 

Antes de acabar, me gustaría enseñaros la versión que la Orquesta Sinfónica de Gijón hizo de la Marcha Radetzky bajo la dirección de Óliver Díaz en el concierto de Año Nuevo de 2005. Se grabó en directo en el Teatro Jovellanos para el disco Gijón Dnota, y a la caja está servidor:




  
Ya sabéis: cuando un director os pida una introducción a la "Marcha Radetzky" podéis tocar el "Österreichische Locke". Será lo más auténtico y fiel al espíritu de la música. 
 
Si queréis tocar en el auténtico estilo vienés, podéis descargar mi propia edición de la parte de percusión (escribidme un email si queréis un pdf). Cuando subáis vuestro propio vídeo, foto.., etiquetadme, pues me hace ilusión saber en qué lugar del mundo se ha usado mi versión. Aquí la tenéis: 
 
 

 
Muchas gracias a Manolo Durán por su ayuda y erudición.


…et in Arcadia ego.
© David Valdés

viernes, 15 de diciembre de 2017

Tambor militar histórico DIY (II).

En la entrada "Tambor militar histórico DIY (I)" os mostré el casco, los aros y sus características. Hoy explicaré qué hice con ellos.

Lo primero fue retirar la cinta de carrocero que marcaba el "snare bed" y repasar todo el casco (interior y exterior) con lana de acero 000 para retirar todo rastro de sustancia pegajosa que pudiera haber quedado, así como para preparar la superficie. Os recomiendo utilizar mascarilla para no respirar las diminutas partículas de acero. Con respecto al lijado, es importante hacerlo siempre en el sentido de la veta.


© David Valdés


Una vez eliminada toda imperfección puede ponerme con los acabados. En el interior usé aceite de tung, conocido desde hace siglos para tratar la madera (especialmente de instrumentos musicales). Para extenderlo utilicé gasa que compré en Leroy Merlin.


Gasa cortada y lista para aplicar el aceite. © David Valdés


La gasa se humedece ligeramente en aceite y se extiende sobre el casco (¡siempre en el sentido de la veta!). Aprendí que hay que dar muy poco, de manera que casi quede seco con la aplicación. Si usamos demasiado tendremos pegotes y manchas. En la siguiente foto se puede ver una zona todavía "en crudo" y otra con una primera mano.


© David Valdés


A continuación podemos ver esa primera mano completa.


© David Valdés


Una vez he aplicado el aceite (recordad..., ¡muy poco!), paso inmediatamente una gasa limpia con cierto brío. De esta forma la capa queda muy uniforme y prácticamente seca. Si se hace bien, no hay que lijar antes de dar la siguiente mano. Antes de volver a dar otra, la anterior capa debe estar totalmente seca, lo que implica unas 24 horas.

A este casco le di nada más y nada menos que 10 manos (cosas de la inexperiencia... Recordad que este fue mi primer intento "lutheril"). Me gustó mucho cómo quedó, con un color oscuro muy bonito, pero un experto al que consulté me dijo que cuatro eran más que suficientes para tapar el poro, proteger de xilófagos... Desde ese día, todos mis interiores van que chutan con cuatro capas... :-D En estas fotos podéis ver cómo quedó.


©David Valdés


©David Valdés


La siguiente foto muestra el casco con el interior acabado y el exterior "en bruto". Hay una gran diferencia, ¿verdad?


©David Valdés


Había visto algunos tambores históricos acabados en color nogal, y como me gustaron mucho, decidí que ese sería el acabado exterior del mío. Antes de empezar tapé con cinta de carrocero y papel las partes ya tratadas para evitar accidentes (manchas, salpicaduras...). Como siempre, mi proveedor fue Leroy Merlin.


©David Valdés


©David Valdés


©David Valdés


Usé un tinte al agua que también compré allí (sí..., me harán accionista preferente :-D ).


©David Valdés


Mezclando tinte y agua fui haciendo pruebas sobre un trozo de madera idéntico al del casco hasta que di con el color que me gustaba.


©David Valdés


Luego impregné la gasa con la mezcla y teñí el casco usando la misma técnica que empleé en el interior con el aceite. Para ayudarme usé el torno descrito en "Torno giratorio multiusos para trabajar con cascos de tambores".


©David Valdés


En la foto podemos ver el proceso de aplicar la primera mano de tinte.


©David Valdés


Este es el resultado después de dar esa primera mano.




Una vez seco, lo lijé con lana de acero 0000 para igualar el acabado.


©David Valdés


Después volví a darle otra mano de tinte. Está foto está tomada nada más acabar, todavía húmedo.


©David Valdés


Este es el resultado una vez seco.


©David Valdés




Con dos manos el casco quedó a mi gusto, por lo que el siguiente paso fue darle cera que compré en... ¿Lo adivináis?



©David Valdés



Este es el casco tras la primera mano de cera.



©David Valdés

©David Valdés


Repetí el proceso tres veces (no me compliqué la vida: estéticamente me gustaba y, parece ser, son más que suficientes para tapar la madera y protegerla). Siempre dejé secar y endurecer la cera durante 24 horas antes de la siguiente aplicación. Este es el resultado final.


©David Valdés


Respecto a los aros, lo primero que hice fue quitar las rebabas que quedaron al perforarlos. Parece ser que, cuando se perfora en ángulo, es inevitable que aparezcan, pues las fibras no se rompen homogéneamente.


©David Valdés


Utilicé pasta para arreglar desperfectos, tapar pequeños poros e igualar imperfecciones.


©David Valdés


En esta foto se puede ver la pasta antes de secar y del lijado.


©David Valdés


En las siguientes, los aros perfectamente lisos después de retirar el exceso de pasta y de lijar.


©David Valdés


©David Valdés


©David Valdés


Preparados los aros, ya sólo les faltaba el acabado. Para ello usé aceite de tung, que apliqué en la forma ya conocida. Lo que quería era que contrastaran con el color oscuro del casco.

En la siguiente foto el aro superior tiene una mano de aceite y el inferior está "en crudo".


©David Valdés


Ambos aros después de la primera mano...


©David Valdés


El resultado después de 10 manos (la foto no hace justicia al color oscurete que tienen).


©David Valdés


©David Valdés


En las siguientes fotos podéis ver el casco y los aros una vez finalizado todo el proceso (os prometo que, al natural, es muchísimo más bonito).


©David Valdés


©David Valdés


©David Valdés


Con todos los elementos listos ya solo quedaba montar el tambor, pero eso será en una próxima entrada.

¿Qué técnicas usáis vosotros para teñir/encerar?, ¿qué colores hubierais escogido? ¡Hacédmelo saber!


…et in Arcadia ego.
© David Valdés