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viernes, 18 de febrero de 2011

Xilófono - El Pájaro de Fuego.

Hoy hablaremos sobre un verdadero reto técnico y musical: la parte de xilófono de "El Pájaro de Fuego", de Igor Stravinsky. Más concretamente, hablaremos de la "Danse de la Suite de Kastchei Enchantée par l´Oiseau de Feu".





Aquí tenéis la partitura:




Cuando toquemos este fragmento, debemos anclarnos fuertemente al tempo de la orquesta en el 126, y pensar en semicorcheas para encajar perfectamente cuando sea nuestra entrada. Lo sabio es escuchar las semicorcheas que toca la cuerda. Cuando nos toque entrar 8 compases después, tenemos que estar perfectamente "montados" en el tempo, y las semicorcheas deben ir clavadas.

La partitura nos indica una velocidad de 152. Obviamente, esto dependerá del maestro, así que lo mejor es estudiar varias velocidades por encima y por debajo para que no nos coja por sorpresa ninguna. En el vídeo he escogido una velocidad de 165. Es una velocidad de audición, quizá no muy musical, pero una velocidad que demuestra al tribunal que puedo tocar rápido; es una velocidad que, cuando estás compitiendo con otros muchos aspirantes, puede hacer que la balanza se incline hacia tu lado (o no..., ¡quién sabe!).

Mi idea de fraseo hasta que empiezan a "llover" semicorcheas (4 compases antes de 130) es la siguiente: apoyarme en la primera nota, que de esa energía salgan todas las demás, y recoger al final:



No sé si queda muy claro cuando lo toco debido a la compresión de audio que aplica la cámara, pero esa es mi intención.

Igualmente importante es la graduación dinámica: piano al comenzar, mezzo piano cuatro compases después, mezzo forte en 129, forte en 130, y así sucesivamente. De nuevo, esa es mi intención, pero no sé si se percibe claramente por culpa de la compresión que añade la videocámara.

Es vital que, en los compases de silencio, sigamos sintiendo internamente las semicorcheas y que miremos al director. Si os dais cuenta, en los silencios levanto la cabeza para establecer contacto visual con el hipotético maestro: nunca jamás permitáis que un director os llame la atención porque no le miráis. Siempre que me es posible (y este fragmento no se presta mucho a ello por su dificultad), levanto la cabeza del instrumento para mirar al frente.

Algo con lo que debemos tener mucho cuidado es la figuración de la cuerda en 128, pues su diseño rítmico comienza con un silencio de corchea en la parte fuerte, produciendo una síncopa. Que éso no nos despiste: nuestro tempo y nuestro ritmo deben ser sólidos como una roca. Lo mismo vuelve a ocurrir en 129, donde ese diseño lo toman los contrabajos:



Cuatro compases antes de 130, cambio la baquetación lógica y empiezo con la izquierda, de manera que el salto de 4ª entre el Re y el La lo toque mi mano fuerte (la derecha).




Hasta 130 nuestro papel consiste en pequeñas intervenciones de color, pero a partir de este número de ensayo vamos doblando a la madera o a la cuerda. Aunque siempre debemos ser muy cuidadosos con nuestra parte, lo debemos ser especialmente cuando doblemos a otros instrumentos, pues los fallos son mucho más obvios.

En 131 y 132, donde estamos tocando ese pedal superior junto con la cuerda, como ya tenemos una dinámica muy generosa, prefiero recogerme un poco para que salga más el diseño de los otros instrumentos.

Con respecto al final (cuatro compases antes del allegro feroce), hay gente que hace un accelerando para preparar el nuevo tempo, pero a mí me resulta mucho más efectivo y dramático que el nuevo tempo sea súbito (así tiene más caracter feroz), pero eso no depende de mí, sino del señor de la batuta. En una audición, prefiero ceñirme al papel (y a mi propio gusto) y no acelerar. Diferentes maestros tienen diferentes interpretaciones, pero en una audición, considero más acertado tocar literalmente lo que está escrito, de forma que el tribunal no se vea en la disyuntiva de pensar si hacemos el accelerando porque conocemos la música o porque no podemos mantener el tempo. Ante la duda, y tal y como dicen los ingleses, "stick to the ink".

Para terminar, podéis ver que la última nota la toco con la derecha (contrariamente a la secuencia natural). Con ello consigo que la que se supone es la más fuerte de todas las notas, tenga la energía necesaria (soy diestro).   

Para acabar, recomendaros encarecidamente esta fantástica obra. No os perdáis el apoteósico final.


…et in Arcadia ego.
© David Valdés

lunes, 14 de febrero de 2011

Día de San Valentín.

No soy yo el tipo de persona que siga los dictados de los centros comerciales, así que tampoco muestro mi amor cuando el Corte Inglés dice que debo hacerlo. Aún así, para mucha gente San Valentín puede ser un día importante. Por ello, mi entrada de hoy irá dedicada a Romeo y Julieta, los enamorados por antonomasia.

Uno de mis compositores favoritos es Sergei Prokofiev, y su ballet "Romeo y Julieta" es una obra que me encanta y que he tenido la suerte de tocar (y que volveré a tocar los próximos días 24 y 25 de febrero). Además, las partes de percusión son un verdadero desafío para cualquier instrumentista.

Una de mis versiones favoritas es la que DECCA grabó con Lorin Maazel al frente de The Cleveland Orchestra. Os la recomiendo encarecidamente.

Tampoco está nada mal la de ValeryiGergiev al frente de la London Symphony. Aquí os pongo un par de enlaces que espero disfrutéis:








Romeos, haced felices a vuestras Julietas. Julietas, haced felices a vuestros Romeos.

Que tengáis un buen día de San Valentín.


…et in Arcadia ego.
© David Valdés

sábado, 12 de febrero de 2011

Los Ochenta´s.

Hoy, si me lo permitís, voy a desviar el asunto del blog hacia algo que no tiene que ver con la percusión. Si echáis un vistazo al subtítulo de mi blog, podréis ver que mi intención es, aparte de tratar asuntos percusivos, escribir sobre “la música, el arte y la vida”. Pues bien, sobre la música y la vida será sobre lo que hoy escriba.

Obviamente, en el año 1983 España era un país inocente. Un servidor también lo era, pues es lo lógico para un niño que por entonces tenía 7-8 años. Esa inocencia se percibía en todos los aspectos: en la sociedad, en la política… y, cómo no, en la música.

El otro día escuché una canción que desató un torbellino de recuerdos. Como ya dije en la entrada "Nostalgia radiofónica", muchas veces tenemos sonidos, olores y sensaciones profundamente guardados en nuestro disco duro: tan profundamente guardados, que no los recordamos hasta que una chispa los hace brotar a la superficie, y es entonces cuando todo lo asociado a ese olor, sonido…, sale en tropel. Recordar es volver a vivir, y gracias a los recuerdos que esta canción despertó, pude rememorar una etapa de mi vida (parte de mi infancia) extremadamente feliz (en realidad, salvo por la muerte de mi padre, puedo decir que mi vida siempre ha estado colmada de felicidad).

La canción es ésta, y representó a España en el Festival de la OTI de 1983:





¿Qué habrá sido de la OTI? Por lo que yo recuerdo, su festival era casposillo y muy, muy, muy hortera.

Quiero que os fijéis bien en la versión “de disco”, pues nos servirá para compararla con la versión en directo. Si ya la tenéis bien estudiada, aquí está la canción tal y como sonó en aquel Festival de la OTI de 1983:





Ahora es cuando podemos hablar sobre la inocencia que reinaba en España por aquella época.

Lo primero: las televisiones iberoamericanas tenían cientos de canales, y nosotros nos conformábamos con la UHF y la VHF. Dos canales en los que cabía todo, y no parecíamos necesitar la plétora de la que ¿disfrutamos? hoy. Mil veces se quedó mi padre sin poder ver “La Clave” de José Luis Balbín para que mi hermano y yo pudiéramos ver “Un, Dos, Tres, responda otra vez” (es que eso de más de un televisor en casa era cosa de millonarios o excéntricos).

Otra cosa más: ¿os dais cuenta del sonido telefónico que tiene el locutor en la retransmisión? No creo que ese estándar fuera aceptable hoy día.

Ahora, lo verdaderamente descacharrante: el locutor, inocentemente, explica que el directo “no sonará como el disco” porque hay una serie de “instrumentos electrónicos” que no les han permitido usar. Habla de instrumentos electrónicos sin saber muy bien qué es “eso”, sin meterse en demasiados detalles porque parece que es algo tan novísimo, que no alcanza a comprender de qué puede tratarse. ¿Conocéis algún grupo actual que suene en directo como en el disco? Ninguno, porque ahora ni se toca ni se canta: se mueve el culo.

Los 80 fueron la época de la reverb por toneladas (las unidades Lexicon eran los juguetes favoritos de los estudios, y conozco a un técnico que cuenta la anécdota de cómo Isabel Pantoja le decía “ponme mil duros más de reverb”). También fue la época de las míticas baterías electrónicas Simmons, aquellas de parche hexagonal, muy grande, y que sonaban “piuuuuu” al golpearlas (sin ellas, el italo-disco y Modern Talking no hubieran sido lo que fueron).


© Simmons

También fueron clásicos las cajas de ritmo Linndrum y la mítica Roland 808.



© Roland
© LinnDrum

Los 80 vivieron el auge de los sintes, bien aportando pads o líneas solistas. El DX7 de Yamaha es un clásico.


© Yamaha

¿Qué pasa si a nuestro representante no le dejan usar tan novedosos instrumentos? Pues que hay que usar una orquesta y, además... ¡tocar en directo! Sí, señores, hubo un tiempo en que había música en directo, con músicos de verdad, y directores como Augusto Algueró o Leiva se ponían al frente de MÚSICOS. Por aquella época, lo del playback (“sonido pregrabado”, que advertía nuestra VHF ó UHF) se consideraba una estafa. Hoy día, el mayor engaño para con el público (que los “músicos” ni toquen ni canten) es considerado normal por nuestra abotargada sociedad.

Más cosas… Este chico que canta tiene por nombre artístico Gonzalo... ¿Hay algo más inocente que eso? Podría llamarse Lady Gaga, Mojinos Escozíos o cualquier otra subnormalidad, pero se llamaba Gonzalo (así, a palo seco), y tenía éxito.

Por aquel entonces, no hacia falta llevar micro de diadema y bailar hasta la extenuación mientras se cantaba (con todo lo que eso implica para la afinación). Este chico se mueve menos que Espinete en una cama de velcro, ¡pero tenía éxito! Se peinaba como si le hubiese lamido una vaca, ¡pero tenía éxito! Se vestía de manera normal, ¡pero tenía éxito! Eso sí, para el magno acontecimiento del festival, lució traje de Jesús del Pozo.

No hay mujeres semidesnudas contorsionándose a su alrededor simulando actos sexuales, como tampoco sale un negrazo de 2x2 rapeando cualquier sinsustanciada a mitad de canción, no hay corrección de la afinación con “Auto-Tune”… ¿Cómo pudimos vivir sin todas estas cosas allá por 1983?

Cuando canta, todas las consonantes plosivas saturan su micro (fijaos que, incluso cantando fuera del eje, ese micro dinámico del montón suena muy bien), las trompetas fallan en los agudos, el chico desafina, se adelanta … Pero lo más simpático de todo, es que él mismo canta lo que en estudio se hace con un “delay”: quién piensa en ti, quién piensa en ti, quién piensa en ti… Lo fácil hubiera sido contar con unos coristas que lo hicieran, pero él canta su propio "delay"… ¡Inocencia en estado puro!


© Hispa Vox

Las estrofas no son gran cosa (son musicalmente poco interesantes por repetitivas, y la letra está metida con calzador), pero sí me parece que tiene un muy buen estribillo (de hecho, es lo que más se repite al final de la canción). Pues bien, con todos sus defectos, con toda la inocencia propia del momento, esta canción y actuación le dan mil vueltas a toda la basura musical con que nos bombardean actualmente: macizas y macizos que enseñan las tetas mientras hacen que cantan, todo homogeneizado bajo un batiburrillo pop-latino, gente que ni toca ni canta, letras para gilipollas hechas por gilipollas, copiones de lo foráneo que se creen originales, actitudes chulescas, poses preparadas, el rap y el hip-hop como máximos exponentes de nuestra cultura musical, el “yo soy auténtico” pero no me doy cuenta de que soy el enésimo clon prefabricado…

No me entendáis mal y queráis ver una nostalgia ñoña o una historia del abuelo Cebolleta en esta entrada. Dicen que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero yo no lo creo así: un tiempo pasado es sólo eso, un tiempo pasado; mejor o peor, lo decidirá cada uno.

Lo que sí creo innegable es que, a pesar de todas las mejoras tecnológicas, de preparación de los músicos y de evolución del mundo del espectáculo, no es mejor, ni mucho menos, la música popular actual que la de entonces… Más bien creo que es al revés. Inocentes lo éramos un rato, pero muchísimo más válidos y auténticos, también.       

Ahora, sed sinceros: mirad este vídeo, calentito, recién salido del horno (el descanso de la final de la Super Bowl) y, no me digáis que, casi 30 años después, con todas las mejoras tecnológicas, el resultado es simplemente abominable (por no decir asqueroso).





Por sencillo, sincero, inocente y auténtico, me quedo mil veces con Gonzalo. Black Eyed Peas y demás porquería musical, por mí podéis perderos en un agujero negro.


…et in Arcadia ego.
© David Valdés

martes, 25 de enero de 2011

Agarre tradicional.

Actualizo hoy el blog, después un mes parado.

Como ya sabéis, me apasiona el mar y la navegación, y el parón de 30 días se debió a que estaba estudiando y preparando el examen para obtener la titulación de Patrón de Yate (mi anterior titulación era Patrón de Embarcaciones de Recreo). El salto cualitativo y cuantitativo de una titulación a otra es notable, así que tuve que dedicarle cierto tiempo a Teoría del Buque, Seguridad, Mecánica, Navegación, Metereología, Radiocomunicaciones y Legislación para llegar al examen preparado.

Ahora que todo pasó, puedo retomar el blog.

En la entrada "La pinza o grip en la caja" explicaba mi gusto por el detalle y el acercamiento a la técnica de caja desde un punto de vista científico. En aquella ocasión me referí al agarre simétrico, y en ésta explicaré el agarre tradicional:





Debido a la limitación de 15 minutos de YouTube, muchas cosas se han quedado en el tintero, pero iré explicándolas en futuras actualizaciones. Aún así, creo que YouTube me ha autorizado a subir vídeos de mayor duración, por lo que es posible que para futuras actualizaciones me pueda extender más (¡si es que eso es posible!).

Ya lo dije en la anterior entrada, pero no está mal recordarlo:

La técnica no es más que un medio, y nunca un fin en sí misma: nuestra meta debe ser la música. Es muy fácil errar el tiro, quedarse en la técnica, y no seguir hasta el verdadero objetivo. 

Dicho esto, no menosprecies la técnica. Si Fernando Alonso corriera con un coche a pedales, por mucho talento que tuviera, no llegaría a ningún sitio... Si tu técnica no corre pareja a tu capacidad musical, será imposible que puedas expresar nada.

Espero que hayáis disfrutado del vídeo.


…et in Arcadia ego.
© David Valdés

martes, 21 de diciembre de 2010

Timbales: la disposición alemana.

En esta entrada trataremos el porqué de la forma de disponer los timbales de los músicos alemanes, holandeses, y centroeuropeos en general.

Antes de continuar, me gustaría darle las gracias a Nick Woud, timbalero de la Royal Concertgebouw Orchestra, que amablemente me ayudó con sus opiniones y me dio permiso para reproducir alguno de sus grabados.

La forma regular en que se suelen colocar los timbales es con el grave a la izquierda, ascendiendo hasta tener el más agudo a la derecha, imitando la disposición del teclado de un piano y, más tarde, el de los instrumentos de láminas. Así se hace en España, Francia, Italia, Reino Unido, América...


Fotografía procedente de la web Pearl Drums


La forma en que colocan los timbales en Alemania y Holanda es al revés,con el grave a la derecha y el agudo a la izquierda.


Fotografía procedente de la web Pearl Drums


El porqué de la primera disposición es clara: imita la disposición del piano, y es mucho más moderna que su contraria la "alemana".

Sobre el origen del timbal grave a la derecha hay varias explicaciones:

1.- Se dice que los timbales eran tocados, en ciertas ocasiones, por contrabajistas. Como sabemos, la cuerda grave del contrabajo se encuentra a la derecha del puente, por tanto, a un contrabajista que pasase a tocar los timbales, le resultaría muy natural colocar el timbal grave a la derecha.




Esta teoría tiene muy poco fundamento. Como sabemos, los timbaleros y trompetistas estaban constituídos en poderosísimas "guildas" (gremios), y todos los conocimientos se transmitían de forma muy secretista de maestro a aprendiz, sólo los iniciados podían desempeñar la profesión, y había fuertes castigos y multas para quien enseñara a músicos no pertenecientes a la "guilda".

Este secretismo y tradición oral hace que conozcamos muy poco de las técnicas de la época, y se nos escapen cuestiones interesantísimas como las "Schlagmanieren".

Por esto, se hace impensable que un contrabajista se pusiera a tocar los timbales sin despertar las iras de la guilda local, así que esta opción queda descartada.

2.- Otra razón que trata de explicar esta disposición es que, siendo diestra la mayor parte de la población, los timbaleros quisieran tocar la tónica con su mano derecha (la mano fuerte).

Esto valdría si los timbales estuvieran afinados en un intervalo de 5ª, pues la tónica quedaría a la derecha:



Por razones de construcción, los primeros timbales tenían el rango limitado, así que se afinaban en un intervalo de 4ª, y no de 5ª. Por eso, la tónica siempre quedaba en el agudo, no pudiendo ser golpeada con la derecha:




Nuevamente, esta explicación no es válida.

3.- Como sabéis, los timbales, junto con las trompetas, siempre estuvieron asociados a la caballería (y como dije en anteriores entradas, las cajas, junto con los pífanos, a la infantería), y se montaban por pares sobre la grupa del animal.

Para montar a caballo, siempre se hace por su lado izquierdo. Para comprobarlo, echad un vistazo a estos vídeos:





Como veis, el jinete siempre monta el caballo por su lado izquierdo, y eso se debe a que llevaban espadas o sables colgando de su costado izquierdo (para poder desenfundar con la mano derecha). Montar por el lado derecho sería impracticable, pues las armas molestarían. Si un timbalero debe subir a la grupa con dos instrumentos sobre ella, lo más cómodo es poner el más pequeño en el lado por el que se monta (el izquierdo), y dejar el más grande e incómodo para montar a la derecha. Toda la iconografía existente al respecto, nos muestra los timbales de esta manera.

Cuando los timbales "bajaron" del caballo a la orquesta, conservaron la disposición  con el grave a la derecha, tradición que se ha conservado en Alemania, Holanda, Austria, Hungría, Suiza...

Ésta es la razón que creo explica convincentemente el porqué de la colocación del timbal grave a la derecha (hay, actualmente, otros instrumentos que conservan esa disposición, como los bongos o los toms de la batería).

La colocación contraria, la que usamos en España, es posterior, y se adapta a la disposición de los instrumentos de teclado.

Como dato curioso, y que llegué a pensar echaba por tierra mi teoría, me encontré con este grabado propiedad de la colección particular de Nick Woud:




En él se aprecia claramente el timbal grave a la izquierda del instrumentista, pero el señor Woud me asegura que se debe a un error del grabador o una mera licencia artística.

Por tanto, mi apuesta es por la explicación de los timbales a caballo.


…et in Arcadia ego.
© David Valdés

miércoles, 15 de diciembre de 2010

A veces pasa...

Hoy os propongo un vídeo curioso, donde podremos ver que los percusionistas no se libran de imprevistos (interpretado por la Finnish Radio Symphony Orchestra):



Como músico precavido, nuestro timbalero tiene doblada la esquinita inferior de la página, bien preparada para el paso, pero hete aquí que la baqueta se interpone en su camino, y pasa lo que la Ley de Murphy profetiza...  ¡Caos total! Trata de recuperar la partitura, pero es imposible, y sólo queda poner cara de póker... En su descargo, hay que decir que salva la papeleta muy dignamente.

Una vez me pasó algo parecido... Hace muchos años, tocando con la Orquesta del Conservatorio de Gijón, el programa incluía el Concierto para Piano en La menor de Grieg que, como sabéis, comienza con un solo de timbal (un redoble crescendo sobre La). Nada más atacar, mis partituras se cayeron sobre el parche (por seguir con Murphy, se cayeron sobre el parche en el que estaba tocando, en lugar de elegir el que estaba libre), lo que produjo un "simpático" sonido parecido a "gfrxxgrxgrfrfxgrfgfxxxxxxsssssscxscxscxs". Parar era inviable, pues es un solo, así que no quedaba más que poner buena cara y continuar. 

Ya veis, los accidentes ocurren, y más vale que nos los tomemos con humor.


…et in Arcadia ego.
© David Valdés

sábado, 4 de diciembre de 2010

La pinza o grip en la caja.

Muchos sabéis de mi admiración por Leigh Howard Stevens, su personalidad, su música, y su maravilloso "Method of Movement for Marimba".

Su libro siempre me fascinó por la atención al detalle, lo minucioso de las indicaciones, la aplicación de métodos científicos, el destierro de un montón de mitos (que la Percusión arrastra sin remisión desde hace ya demasiado tiempo), y su sentido del humor.

Nunca encontré un libro de caja equivalente al "MOM", que explicara con detalle todos los aspectos relativos a la pinza/grip, la forma correcta de ejecutar los golpes, y desarrollara custiones técnicas de un modo científico. Me he encontrado con muy buenos libros (los de Jeff Queen, Sanford Moeller, George Lawrence Stone, Joe Morello, Jim Chapin..., me vienen a la cabeza), pero ninguno con el grado de minuciosidad como el que escribió Stevens para la marimba. Si existiera un "Method of Movement for Snare Drum", no me cabría la menor duda de que sería mi libro favorito.

Mi técnica de caja proviene de la observación de muchísimos percusionistas, de quedarme con los detalles que me convencían y mejor se adaptaban a mi forma de entender la música, y de desechar aquellos que no me servían.

Observándome, he llegado a poder describir y explicar lo que hago y (lo más importante) POR QUÉ. Igual que creo que a la hora de interpretar debemos saber exactamente qué hacer con cada una de las notas y tener una poderosa razón para ello, creo lo mismo en el aspecto técnico: debemos saber exactamente qué es lo que estamos haciendo con nuestra técnica, y tener claro por qué este dedo se coloca de una manera y no de otra, por qué la mano adopta esta posición y no aquélla, etc, etc...

Teniendo en cuenta que ésto es lo que me funciona a mí particularmente, y que no tiene por qué ser lo que te sirva a ti, mi forma de entender la pinza en la caja, tratando de ser tan detallista como Stevens, es la siguiente:



Debido a la limitación de 15 minutos de YouTube, muchas cosas se han quedado en el tintero, pero iré explicándolas en futuras actualizaciones.

Con todo, recuerda que la técnica no es más que un medio, y nunca un fin en sí misma: nuestra meta debe ser la música. Es muy fácil errar el tiro, quedarse en la técnica, y no seguir hasta el verdadero objetivo. 

Dicho esto, no menosprecies la técnica por ello. Si Fernando Alonso corriera con un coche a pedales, por mucho talento que tenga, no llegaría a ningún sitio... Si tu técnica no corre pareja a tu capacidad musical, será imposible que puedas expresar nada.

La falsa dicotomía que algunos músicos presentan entre técnica vs. musicalidad es muy simpática, pero la dejaremos para futuras actualizaciones del blog.

Espero que hayáis disfrutado del vídeo.


…et in Arcadia ego.
© David Valdés